E-mails extraídos de lo que me parecieron interesantes debates en el grupo de ex-compañeros del Colegio San Pablo. Los he publicado sin filtro, tal como los envié al grupo. Están escritos desde el corazón, sin pretenciones, y con ciertos modismos y expresiones propias de este tipo de ralea (a la que me enorgullezco de pertenecer).

Ciertos modos de expresarme pueden llegar a resultar ofensivos para el oído ajeno a este grupo.

No me decidía a si pulirlos antes de ofrecerlos a la mirada general, o publicarlos tal como están. Por fin, como esta indecisión--aliada inestimable de mi pereza-- se prolongaba ya en años, decidí publicarlos como están, y someter la decisión última al juicio de mis lectores, si es que existen en el mundo sujetos semejantes.

Y no me resulta honesto terminar esta advertencia sin agregar un detalle significativo: ni siquiera se si mis compañeros del San Pablo los han leído, especialmente aquellos más extensos y aburridos. Pero se que algunos sí los han leído--Lolo, Santiago...., y Lolo... y Santiago....--y son los comentarios expresos de estos dos queridos compañeros (y los tácitos de otros muchos, estoy persuadido), los que me han animado a iniciar este blog.

Si luego de esta advertencia, deciden seguir adelante, no me hago responsable por el tiempo perdido y aburrido. A aquellos que sobrevivan el desafío de leerlo, les agradeceré que dejen algún comentario, especialmente su opinión respecto a si debo pulirlo o dejarlo como está.

Muchísimas gracias por haber leído (por lo menos hasta aquí).

jueves, 8 de mayo de 2008

Fe y Razón

Querido Sebas:

¿Cómo estás? Ha pasado muchísimo tiempo desde nuestro último intercambio. No me atrevo ni a tratar de sacar la cuenta.... Mea culpa. Yo dejé tu último e-mail sin contestar. Mejor dicho, lo empecé a contestar, nunca terminé la contestación y, por supuesto, nunca envié ninguna contestación. Te podría decir que, como alguna vez me ha pasado, tenía este e-mail en la bandeja de borradores, y pensaba que lo había enviado. Podría ser una salidad elegante, pero no sería la verdad. Lo cierto es que siempre, durante todo este tiempo, era bien consciente de que no lo había enviado, de que tenía que terminarlo y mandarlo de una buena vez.

Como ya vas a ver, si tenés paciencia para leer hasta el final, me quedé "empantanado" con el tema de la Fe y la ciencia. Es que justo coincidió que en esos días, mientras iba en auto a algún lado, escuché en la radio un reportaje a un científico de mucho prestigio que me pareció que venía muy a mano para lo que estaba tratando de explicarte. La radio que difundió el reportaje tiene una página web, y allí me fui a ver si tenían reproducido el texto del reportaje. Sólo encontré la reproducción en audio. Entonces me dije que tenía que volver a escucharlo para poder explicarte lo que decía. Y eso fue lo que motivó que lo pateara para adelante, y más para adelante, y más adelante.... Todavía no lo volví a escuchar. Pero hoy me decidí a mandarte el e-mail como estaba. Me acordé de vos mirando unas copias que tengo de cartas y fotos relacionadas con nuestros antepasados Videla. Entonces me dije, "si le mando esto, además del texto de la inscripción de Santillana del Mar, seguro que me va a perdonar que haya demorado taaaaaanto tiempo y que al final termine enviando un e-mail incompleto"...... Las cosas que a uno se le ocurren...

Se trata de una fotografía de don Alonso de Videla, primer Videla en venir a América (anverso y reverso); 2 fotos del frente de la casa de los Videla en Burgos (anverso y reverso); y copias de 2 cartas de don Juan Manuel de Rosas a Zenón Videla, de quien, como sabrás, era amigo muy cercano, lo cual no impidió que el Restaurador lo mandara al cepo cuando a Zenón se le ocurrió criticarlo, lo que motivó el exilio al Uruguay.

Y abajo va el e-mail tan mentado. No lo mando a todo el grupo, en parte porque trato de esas cosas "de familia" que no creo que le interesen a los demás, y en parte porque me da mucha vergüenza descolgarme con estos temas en el foro después de tanto tiempo. No tengo ningún problema en que, si vos querés, lo reenvíes al grupo.

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"Antes que la voz de Dios, fuera y moviera peñascos los Quirós eran Quirós, y los Velasco, Velasco" (Nada pretenciosos, nuestros antepasados)

Querido Sebas, Yo tampoco creo que lleguemos a una "conclusión", especialmente si entendés la palabra como que uno de los dos va a "convencer" al otro, y asunto "concluído", caso cerrado. Te confieso que para mí, el tema de la religión es un caso permanentemente "abierto", en cierto sentido, y así quiero que permanezca. Quizás la única forma de concluir esto es que algún día me canse de escribir. No me cuesta mucho eso de cansarme, pero también me "tira" mucho el escribir. Cada vez que alguien escribe algo provocativo y en serio (provocativo porque provoca a pensar), luego durante el día no puedo dejar de pensar en el tema, ni esperar a encontrar un momento para sentarme a escribir.

En un par de oportunidades algunos en el foro se quejaron de las "bajadas de línea". No se por qué me molesta tanto que me acusen de "bajar línea", que ni siquiera se bien qué quiere decir, pero suena mal, como que alguien pretende imponer algo a los demás, una ideología, un modo de pensar o ver la realidad. Ni tampoco estoy seguro de que esas acusaciones se refieran a mí. Pero como tengo el reflejo de defenderme, me defiendo por las dudas. Cuando estás en una institución tan atacada como es la Iglesia, y que la sentís como algo muy "tuyo", tan tuyo como tu madre, no tenés más remedio que terminar cultivando este reflejo defensivo. Viste cómo a la vieja, aun si de puertas para adentro le encontremos defectos, de puertas afuera no lo admitiríamos nunca, y mucho menos ante quienes tratan de difamarla y calumniarla. ¡Y ni qué hablar del Opus Dei! Es una monstruosidad cómo se ataca y se difama esta institución de la Iglesia. ¡Aún desde dentro de la Iglesia provienen los ataques! Así que, como te imaginarás, el reflejo defensivo lo tengo aún más agudizado por haber pertenecido a esa institución durante tantos años.

A veces los ataques arrecian con tanta vehemencia que comenzás a dudar, y a preguntarte si no habrá algo de cierto; que, de alguna manera, han conseguido disimularlo de tal modo que yo no lo pudiera sospechar aún estando bien adentro durante más de 10 años.... Y, en cuanto a la Iglesia, que hayan podido engañar a tantos millones de personas durante.... ¡2000 años! Pero no te voy a negar que esos momentos de duda se me presentan sin necesidad de ataque alguno. Al menos no de un ataque directo, porque el ambiente (pseudo)cultural y (pseudo) intelectual de nuestros días podría considerarse como un ataque permanente a cualquier visión de fe. También te confieso que muchas veces he sido culpable de negaciones al estilo Pedro, cuando percibo que a mi alrededor mi fe es objeto del ridículo, o de una condescendencia cómplice en el mejor de los casos, cuando el sobreentendido queda flotando en el aire de que vos (yo, negador a lo Pedro) en realidad no creés (no creo) en todas esas patrañas que enseña la religión.

Pero entonces comenzás a percibir algo extraño en esos ataques, algunos tan furibundos, tan irracionales, que rozan con el fanaticismo más exacerbado. Te mencionaba esta peculiaridad en el e-mail anterior y es la de que los argumentos que se aducen pueden ser totalmente opuestos. Es como si se criticara a alguien por tener la nariz demasiado grande, monstruosamente grande; y --a veces en la misma instancia... hasta en el mismo párrafo-- se lo criticara por tener una nariz demasiado pequeña, monstruosamente pequeña. Por eso te decía que a veces pareciera que se tratara de monstruos, pero de monstruos de otra dimensión, capaces de tener narices descomunalmente grandes... y descomunalmente pequeñas.

Y, en cierto modo, creo que hay algo de cierto en esto. Un ejemplo es sobre el que te llamaba la atención en el e-mail anterior. Se critica a la Iglesia por tener una doctrina muy infantil, tan infantil que muchos se sienten insultados en su inteligencia adulta; a renglón seguido se la critica por usar parámetros muy humanos, por querer "racionalizar" a Dios, con argumentos tan racionales que muchos se sienten insultados en la supuesta beatitud e inocencia --casi infantil-- de sus sentimientos, como si pensaran que si Dios existiera deberíamos poder conocerlo con algo distinto a la razón, con un conocimiento que no es humano. Lo mismo he visto repetido una y otra vez en las críticas al Opus Dei. "Palos porque bogas; palos porque no bogas."

Pero volvamos al tema de las "bajadas de línea". Como decía, para mí, bajar línea significa querer "imponer" tus ideas, tus modos de pensar, avasallando la libertad de las conciencias. Nada más lejano de mi intención; nada más lejano de la intención de la Iglesia (o del Opus Dei, cuyo fundador, si algo elaboró con mucha profundidad fue su entendimiento de la libertad de las conciencias, lo que defendía a muerte; "porque se me da la realísima gana" era, según el, el "argumento más sobrenatural").

La doctrina fundamental de la historia de la Caída y de la Salvación, sin la cual la religión católica no tendría sentido alguno, se basa, como en una condición "sine qua non" en la libertad de las conciencias, en la capacidad del hombre de elegir libremente su destino. Así que, por favor, que nadie entienda que trato de imponer nada, porque "ipso facto" se me estaría acusando de ser el más acérrimo anticristiano, el hereje más recalcitrante. Sólo me defiendo, defiendo mi fe, y la presento basado en mis experiencias personales, y trato de explicarla en la pobre medida de mis capacidades.

Como te decía al comienzo, no creo que nadie se convenza de nada a través de este intercambio de e-mails. Mejor dicho, aunque no creo que nadie se convenza de nada, sí tengo la esperanza de que vos te convenzas de algo. Por supuesto, ni remotamente se me ocurre esperar que, al terminar con la lectura de mi e-mail (si es que la lectura del e-mail aún no ha terminado con vos), un rayo del cielo te ilumine la inteligencia y caigas al suelo de rodillas, convertido instantáneamente en un San Pablo.

Pero hay algo que sí me gustaría ver cambiar (si es que hace falta). No es mucho, pero a mí me daría una gran alegría si así fuera. Siempre te tuve un particular afecto y admiración en los años del colegio, y estos sentimientos no han desaparecido a pesar del tiempo y la distancia. Y ese "algo" consiste simplemente en que, aunque no creas en nada de lo que yo creo, que por lo menos me creas a mí. No porque vayas a creer todo lo que yo creo, sino porque me creas que YO LO CREO. Y que lo creo como algo verdadero, y que lo creo de buena fe, y que no soy menos racional que nadie por creer que Dios puede ser Uno, y puede ser Tres al mismo tiempo; y que no soy "anti-científico" porque creo posible que una Virgen conciba un bebé.

Entiendo que las 2 primeras no son tan difíciles; que la tercera (que la fe no es "anti-científica" o irracional) es un poco más complicada. Pero si me das la oportunidad, me atrevería a hacer el intento al menos de convencerte en ese punto.

Que me creas que yo creo lo que creo como algo verdadero. Ya mencioné, creo, en otro e-mail, la gran hipocresía que se esconde detrás de la supuesta tolerancia del mundo moderno. Todo se tolera, menos la verdad. Cualquier postura es aceptable, siempre que esa postura sea fácilmente reconocida como impostura por quien la adopta. Este tipo de tolerancia no me sirve. Si yo creo en algo, quiero tener el derecho a creer que es cierto, con las consecuencias que este derecho implica. Si se me tolera de este modo, entonces a nadie le extrañará que yo trate de explicar, de enseñar lo que creo, tanto en privado como en público, porque si yo creo algo como cierto en privado, no podría negarlo públicamente. Sólo así se me puede aceptar que hable, que defienda y que explique lo que yo creo.

Antes contaba cómo me he visto en situaciones incómodas, muchas veces, en un ambiente donde gente bien intencionada pareciera estar diciéndome: "pero vos sos un tipo inteligente; vos no podés creer que un muerto resucitó, que una virgen dio a luz, o que Dios es Uno y Trino". En el mejor de los casos, se me aceptará que crea en lo que quiera, siempre y cuando no lo crea como creo que 2 más 2 son 4, o que a los monos les gustan las bananas, que esas son creencias racionales. ¿Pero qué apéndice extraordinario, qué facultad ignota de mi ser debería usar para creer lo que veo por la Fe sobrenatural? Para desazón de muchos, no es otra cosa que la misma razón. Con la mismita razón que creo que Napoleón fue derrotado en Waterloo, con esa misma creo que Jesús resucitó de entre los muertos, al tercer día, y que está presente en la Hostia consagrada. Y los niveles de certeza que tengo sobre uno y otro hecho están parejos. Y, si me apuran, hasta afirmaría (en realidad lo estoy haciendo) que mi certezas de fe están a un nivel superior que las pocas que pude adquirir en las clases de historia o en los manuales de Ibáñez.

Hay otros que toleran que crea en lo quiera, siempre que sea algo privado, tan íntimo como ir al baño, algo que no tengo derecho a manifestar en público. Como alguien dijo, "lo que quieren es que los cristianos volvamos a las catacumbas". Y yo agrego: "y que no salgamos nunca de allí". Este tipo de tolerancia pareciera estar advirtiéndonos: "te tolero que seas cristiano. ¡Pero guay de que me de cuenta!" Esto es lo que yo llamo la "hipocresía de la tolerancia".

El segundo punto es que creas que lo que yo creo lo creo de buena fe. Nadie me paga por creer; nadie me paga por defender mi fe, como nadie me pagaría por defender a mi madre. Pienso que se trata de una elemental buena fe el presumir la buena fe. Así como yo presumo tu buena fe al dudar o atacar las verdades de la fe, del mismo modo espero que vos presumas mi buena fe al afirmar mi certeza y defender estas verdades.

Algún desprevenido podría, sin embargo, alegar el falaz argumento de que creo porque me conviene, porque necesito creer en algo, porque la fe me asegura la felicidad eterna en la otra vida. El argumento es tan absurdo como afirmar que como el agua es una necesidad, sería absurdo creer en su capacidad de saciar nuestra sed o, mucho peor, creer en su existencia. Es cierto: la fe me asegura la felicidad eterna, aunque me apresuro a aclarar que no sólo me asegura la felicidad en la otra vida, sino también en esta. En otras palabras, la felicidad eterna que la fe me asegura comienza en esta vida y se extiende por toda la eternidad.

Pero si se cuestiona la validez de la fe por este motivo, entonces, para ser coherente, habría que cuestionar la validez de todas las acciones humanas encaminadas al logro de la felicidad personal que, de paso sea dicho, son absolutamente todas: cada uno de nuestros actos tiene por objetivo el logro de la felicidad, incluido el del suicida.

Por otro lado, cabe aclarar la peculiaridad de la fe católica, que la distingue de una manera drástica de las demás confesiones cristianas: la enseñanza fundamental de una carta del apóstol Santiago (no me preguntes cuál) de que una fe sin obras es una fe muerta. Si yo fuera un luterano o un mahometano fatalista, entonces podría tener más asidero eso de que creo "porque me conviene". En realidad, mirado sin perspectiva, lo que me conviene es precisamente no creer en la religión católica, y elegir cualquier otra religión que me asegure una felicidad al estilo de los evangélicos: una vez que Cristo te salvó (que te bautizaste), ya no tenés nada de qué preocuparte, salvo en mantener esa fe. "Peca fuerte, pero cree más fuertemente", como decía Lutero. Mi fe católica, por el contrario, me exige obras, y me asegura que no importa todo el bien que haya hecho en mi vida, y cuán "fuerte" haya creído y defendido mi fe; si al final de mi vida meto la pata y me empecino en mi metida de pata (no me arrepiento), pues la salvación y la fe no me sirven para nada.

¿Ves? La libertad es absolutamente requerida en todo momento, en cada decisión de nuestra vida. Sólo una doctrina que cree firmemente en la libertad de las conciencias, puede afirmarte sin pestañear que un santo puede irse al infierno por haberse mandado una cagada de último momento sin arrepentirse. Y por otro lado, lo aparentemente absurdo de una vida repleta de pecados y desvíos a la que sólo le baste un arrepentimiento de último momento para alcanzar la felicidad eterna. Acordate de lo que Jesús le dice al buen ladrón: "hoy estarás conmigo en el Paraíso". Sólo si se afirma la posibilidad absoluta de que cada acción, cada pensamiento, cada intención puede ser irremediablemente libre, se puede entender que un "santo" pueda condenarse y un jueputa pueda salvarse.

Y aquí no puedo resistir la tentación de mencionar un tema que me produce escozor cada vez que se menciona, aunque no esté directamente relacionado con lo que vengo escribiendo. Se trata de la tan remanida acusación de que la doctrina de la culpa y la existiencia de un castigo eterno para el pecado tiene como fin el sojuzgamiento de las conciencias individuales. Lo que nunca nadie ha podido explicarme es cuál es el propósito que alguien pueda tener para sojuzgar las conciencias, en el caso descabellado que eso fuera cierto. ¿El poder? ¿Qué poder? Si me dijeran que la doctrina de la culpa es tan sólo esgrimida por aquellos ambiciosos jerarcas de la Iglesia que, no lo voy a negar, existen, han existido, y siempre existirán, entonces sí podríamos conversar del tema. Pero lo cierto es que la doctrina de la culpa la creyeron y defienderon tanto el Cardenal Richelieu como la Madre Teresa de Calcuta. Creo que no caben dudas respecto a las ansias de poder de Richelieu. ¡Pero que alguien por favor me explique cuáles son las ambiciones de la Madre Teresa!

¿El dinero? ¿Qué dinero? ¿El que pongo los domingos en la colecta? La verdad, por lo que pongo, no vale la pena ni tratar de convencerme que 2 + 2 son 4. Y, en todo caso, cómo se explicaría el afán misionero de la Iglesia que lleva a mucha gente a dar su vida por hacer conocer el Evangelio a los pueblos más pobres de la tierra. Además, como ya salió en otra discusión, la verdadero doctrina de la Iglesia no hace hincapié en la culpa, sino en el perdón. ¿Para qué enseñar que Dios es un Padre que te va a perdonar, y sin condiciones, no importa cuántas veces lo ofendas ni cuán grave sea la ofensa si lo que se quiere es sojuzgar las conciencias? ¿Para qué enseñar que el juez último de la moralidad de nuestras acciones es nuestra propia conciencia? ¿Que seremos juzgados también por Jesucristo al final del tiempo? Sí, es cierto. Pero también se nos enseña que seremos juzgados de acuerdo a cómo hayamos obrado en relación con nuestro juez inmediato: la conciencia. Si alguien peca por error en conciencia, ¿por qué la Iglesia enseña que en ese caso no hay pecado? ¿Por qué perder semejante oportunidad de "sojuzgar las conciencias"?

Perdón por la disgreción, y vuelvo al hilo, ya con la intención de llegar a la punta del ovillo.

Que entiendas que la fe no es irracional ni anti-científica. Quizás este sea el punto que precisará de mayor argumentación.

La ciencia es descriptiva; la fe es "explicativa" tanto en las causas como en el sentido. No es el fuerte de las ciencias el explicar el por qué de las cosas. Es colosal para describir procesos, pero no para explicar por qué ni para qué se inician esos procesos. La ciencia médica podrá describir con lujo de detalles el proceso que te lleva a sentir dolor. Pero es incapaz de explicarte por qué sentís dolor, y más incapaz aún de encontrarle un sentido al dolor. La biología podrá describir con lujo de detalles y de datos fácticos los procesos de la evolución. Pero no puede, ni pretende, explicar por qué se da la evolución, ni cuál es el sentido de la misma.

Francis Collins geneticists head of the human genome project, Director of the Human Genome Institute, identified the gene for Huntington disease, cystic fibrosis, adult leukemia. http://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=9207913