E-mails extraídos de lo que me parecieron interesantes debates en el grupo de ex-compañeros del Colegio San Pablo. Los he publicado sin filtro, tal como los envié al grupo. Están escritos desde el corazón, sin pretenciones, y con ciertos modismos y expresiones propias de este tipo de ralea (a la que me enorgullezco de pertenecer).

Ciertos modos de expresarme pueden llegar a resultar ofensivos para el oído ajeno a este grupo.

No me decidía a si pulirlos antes de ofrecerlos a la mirada general, o publicarlos tal como están. Por fin, como esta indecisión--aliada inestimable de mi pereza-- se prolongaba ya en años, decidí publicarlos como están, y someter la decisión última al juicio de mis lectores, si es que existen en el mundo sujetos semejantes.

Y no me resulta honesto terminar esta advertencia sin agregar un detalle significativo: ni siquiera se si mis compañeros del San Pablo los han leído, especialmente aquellos más extensos y aburridos. Pero se que algunos sí los han leído--Lolo, Santiago...., y Lolo... y Santiago....--y son los comentarios expresos de estos dos queridos compañeros (y los tácitos de otros muchos, estoy persuadido), los que me han animado a iniciar este blog.

Si luego de esta advertencia, deciden seguir adelante, no me hago responsable por el tiempo perdido y aburrido. A aquellos que sobrevivan el desafío de leerlo, les agradeceré que dejen algún comentario, especialmente su opinión respecto a si debo pulirlo o dejarlo como está.

Muchísimas gracias por haber leído (por lo menos hasta aquí).

martes, 1 de mayo de 2007

Amor a la patria

Hace rato que vengo amagando participar en tan interesantes debates. De hecho, tengo en mi "draft folder" mensajes inconclusos contestando e-mails de Peban, de Corcho, de Pilo... ¡Hasta uno para Rivo tengo! Algún día los terminaré. Pero como se me vino a la cabeza algo que creo que puedo decir en pocas palabras, intercalo este.

Antes que nada, no quiero dejar de saludar a Biango por su cumpleaños, aunque tardíamente. Y aprovecho para agradecerte una vez más por haber creado y mantener y administrar este foro.

Como decía, hace rato que vengo siguiendo este debate sobre qué sociedad tiene mejores valores. Algo no me cerraba en toda esta discusión, y pensé que eran las opiniones. Cuando leí la de Riky, lo primero que se me ocurrió fue intervenir con un escueto "de acuerdo", porque creo que es muy acertado lo suyo. Sin embargo, algo me seguía incomodando. Y recién, mientras almorzaba, "ví la luz". Lo que me incomoda no son las opiniones particulares, sino el tema de discusión en sí.

Como saben, hace más de 12 años que vivo en USA, mis hijos son todos yanquis (no tuve la diligencia de Pilo), y es muy probable que nunca ya vuelva a vivir en la Argentina. A diferencia de Pilo, no me hice ciudadano americano, y es un tema que me incomoda cada vez que me preguntan (especialmente mis amigos americanos). Puede ser que nunca la saque. Todavía no le encuentro ningún beneficio. No votaría nunca a demócratas abortistas y homosexualistas, ni a republicanos belicosos e imperialistas. Y en cuanto a presentarme de candidato a algo, si no es para presidente (que creo que es el único cargo para el se precisa ser americano nativo), para qué. A diferencia de Pilo, además, creo que yo tendría que renunciar a por lo menos una de mis ciudadanías. Nunca cambiaría la argentina, aunque sea consciente que se trata de un trámite burocrático y no necesariamente de un cambio de corazón. Y, por ahora, no encuentro argumentos convincentes para renunciar a la francesa.

De todos modos, no descarto la posibilidad de hacerlo algún día (quizás un carguito de senador me tiente...) Pero el día que lo haga, si lo hago, no podría significar nunca un "cambio" de patrias. La Argentina es mi madre, la original. No niego que pueda "adoptar" otras madres. Pero siempre serán "como" una madre, no MI madre.

En esto pensaba mientras almorzaba, no sin cierta nostalgia. Y entonces caí en la cuenta del por qué de mi incomodidad. A la Argentina la seguiré amando siempre con todo mi corazón, como a mi vieja, aunque yo esté lejos o aunque ella me haya dejado. Por más ciudadanías que adopte, los males de la Argentina me seguirán apenando; las cosas buenas, enorgulleciendo.

¿Y a quién se le ocurriría empezar a comparar la vieja de uno con las viejas de otros? Uno puede estar muy feliz y agradecido con la vieja que le tocó, pero no lo va andar diciendo y comparando con otras madres. Sería de tan mal gusto como lo que hacen los nacionalistas (que no son patriotas, sino "patrioteros") que piensan que hay algo que distingue a su país por "encima" de todos los otros. O uno puede no estar tan contento con la vieja que le tocó. Pero tampoco la compararía.

El error que cometen muchos argentinos, de palabra, de acción o de omisión (y yo me incluyo en lo de "omisión"), es pensar que a la patria hay que amarla si existen suficientes motivos para quererla. Pero lo cierto es que no puede ni debe haber ninguna razón para quererla. El amor a la patria tiene que ser "irracional", o no es amor. Los nacionalistas no tienen verdadero amor por la patria, porque ellos la aman por todas las virtudes y destinos de grandeza que ellos creen ver. La aman porque ellos le encuentran "razones" para amarla. Es un amor "racional". No es verdadero amor por la patria. Los verdaderos patriotas no son los que aman su patria porque su patria es grande. Si su patria es grande es porque gozó de este amor incondicional --"irracional"-- de sus hijos. Y cuando esa nación grande comienza a ser amada por su grandeza, es el principio del fin.

Y la razón es muy simple. Los que quieren a alguien (o algo) a pesar de sus defectos y de su pequeñez, son lo que se van a esforzar por hacer "grande" y virtuoso al objeto de sus amores. Los que aman su patria porque su patria es grande, aunque sea imaginariamente, ¿por qué habrían de mover un dedo para hacerla grande si ya lo es?

Conclusión: si yo le encuentro defectos a mi patria, no los voy a andar pregonando por ahí; como tampoco voy a andar vangloriándome con sus virtudes (que también las tiene). El único modo en que concibo que un patriota ponga al desnudo los defectos de su patria, es porque está luchando positivamente para desarraigarlos.


Un abrazo,

Xavier

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