Creo que el comentario de Rivo era para contestar la sorprendida pregunta del Corcho: "¿no crees que el diablo existe?"
Perdón, Corcho, pero si es cierto lo del tono de sorpresa de tu pregunta.... ¡Que me admira tu candidez! ¡Qué esperabas!
La existencia del demonio es (o debería ser) una verdad incuestionable para los católicos, que todos los domingos, supuestamente, recitan en el credo: "bajó a los infiernos". Es también parte de las promesas bautismales que nuestros padrinos hicieron por nosotros, si fuimos bautizados de bebés, como la mayoría de los argentinos. Esas promesas las reafirmamos por nuestra cuenta, ya grandecitos, el día que recibimos la Confirmación... si es que la recibimos. Por otro lado, Jesús habla numerosas veces del demonio y del infierno. Y no como una alegoría, sino como una realidad --espiritual, pero realidad al fin-- muy concreta. Tan concreta que El mismo expulsa esos "espíritus inmundos" que han tomado posesión del cuerpo de alguna persona. Ya sé que hay quienes pretenden darle explicación científica a esos milagros... Allá ellos; cada uno cree lo que quiere creer.
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| ¡Cosa e' Mandinga! |
Aclaro que la Iglesia se somete al dictamen de la ciencia antes de que se autorice un exorcismo. Un exorcismo se lleva a cabo sólo cuando más de un médico (a veces hasta equipos de médicos) han constatado que el poseído en cuestión no padece ninguna enfermedad conocida, como epilepsia, por ejemplo, que en muchos casos gente sencilla confunde con casos de posesión.
Alguien, una amiga muy querida, me ha contado una experiencia personal que, según ella, tiene que ver con el tema. Confieso que mi reacción inicial fue de escepticismo... Mejor dicho, aún hoy la miro con cierto escepticismo.
Aquí va el relato de la experiencia de algo supuestamente diabólico. Por lo menos, ella cree que tiene relación con el diablo. A ella no le resulta fácil explicarlo. Imagínense lo que me costará a mí, escepticismo de por medio. Pero haré el intento.
Hubo un tiempo, muchos años, en que con cierta frecuencia ella se despertaba por las noches, o a la mañana muy temprano, con una sensación muy fuerte de una presencia maligna en su habitación. Era algo opresivo, casi físico, que la aplastaba, no le permitía moverse ni proferir sonido alguno, y sobre todo, la llenaba de terror.
Aclaro que esta persona no tenía las más mínima formación religiosa. Su padre es "agnóstico" y su madre no sabe lo que es. Poco después de conocernos me contó sobre estas "experiencias" que ella creía podían tener relación con lo que llamamos "demonio".
Obviamente, mi primer reacción fue decirle que debería ser un sueño, uno de esos sueños recurrentes que ciertas personas tienen, y que a veces son tan vívidos que parece que uno está despierto. Pero ella insistía en que estaba despierta, que había tenido esa clase de sueños vívidos, y que podía ver la diferencia. Y para avalar su teoría de que podía tratarse de un "espíritu maligno", aseguraba que estas experiencias habían empezado en su adolescencia, después de "jugar" con sus amigas con un tablero de espiritismo en el sótano de su casa. Cuando se dieron por primera vez ella todavía tenía el tablero ("wigi board" le llaman aquí) en su casa, y por eso fue que decidió deshacerse de él. Pero las experiencias siguieron sucediéndose con el correr de los años, aunque quizás con menos frecuencia que cuando literalmente dormía sobre un "wigi board" (lo tenía guardado debajo de su cama).
Con el tiempo, esta persona se "convirtió" y decidió bautizarse en la Iglesia Católica. Poco después también tomó la Primera Comunión y se confirmó. El Bautismo la conectó de una manera plena con el sacrificio de la cruz, y desde entonces existe un vínculo, como un conducto entre ella y la cruz, por la que fluye libremente toda la gracia que Cristo nos ganó con su muerte, un "gracio-ducto", digamos. Uno puede, libremente, obstaculizar este "gracio-ducto", y hasta cerrarlo por completo. Digamos que uno tiene el control de todas las válvulas, y puede hacer con ellas lo que se le de la gana en cualquier momento.
Permítanme abrir un pequeño paréntesis aquí.
Soy consciente de que esta manera de expresarme puede sorprender a más de uno, porque hablo de mis creencias como si fueran algo verdadero. ¿No es sorprendente esto? Es una de las paradojas del mundo moderno, cuya intelectualidad "progresista" que domina los ámbitos culturales y políticos (periodísticos incluidos, con sitio preferencial), que vocifera a los cuatro vientos su gran "tolerancia" por todos los credos, tacha de intolerantes a quienes entiendan su fe de manera distinta. Nosotros, los "progres" somos muy tolerantes con todo el mundo. Las creencias las toleramos todas. ¡Pero cuidadito que no toleramos es que la gente piense que sus creencias son verdaderas! Toleramos que la gente crea lo que se le da la gana "en la intimidad de su hogar" (¿no les suena esto?). Pero no toleramos que a alguien se le ocurra seguir el impulso natural de cualquiera que tenga el conocimiento de algo que considera verdadero y tenga el tupé de manifestarlo públicamente. ¡Y mucho menos enseñarlo a otros! Así cualquiera es tolerante.
¿Ahora bien, por qué carajo seguiría yo creyendo algo que no considero verdadero? ¿Y si lo considero verdadero, por qué habría yo de expresarme como si fuera tan sólo una opinión más entre otras tantas?
Disgreción finalizada, y vuelvo al hilo del relato, que en realidad ya se estaba acabando. Porque la cuestión es que, según ella, después de bautizarse no ha vuelto a tener este tipo de sensaciones de presencias malignas.
Conozco otros muchos cuentos de gente cercana o no tan cercana que manifiestan de alguna manera la presencia de un espíritu maligno. Sólo si me pongo a contar los cuentos de mi madre, algunos más y otros menos desopilantes, no acabaría nunca.
¿Me los creo a todos estos cuentos? No, no necesariamente. A mi madre le creo. A mi amiga también, es de mi más absoluta confianza, y estoy convencido de que algún tipo de experiencia ellas tuvieron. ¿Que tiene que ver con el wigi board o con el demonio (algunos de los cuentos de mi madre se relacionan también con una amiga suya, espiritista)....? No lo sé. Pero sí creo que mi amiga de alguna manera sintió que algo cambió definitivamente en su vida al bautizarse. ¿Que lo que cambió es presencia diabólica por presencia divina? Tampoco lo sé. ¿Pero voy a negar la posibilidad de que estos cuentos y sus interpretaciones no sean las verdaderas? No señor, ése no voy a ser yo.
Lo que sí se es que el demonio existe. Nadie me puede negar mi derecho a creerlo, que incluye el derecho a creerlo como algo verdadero. Alguien que admiro y respeto y quiero querer más que a nadie, lo dijo muchas veces durante su paso en la tierra, hace unos 2000 años. Sus dichos fueron recogidos por otras personas que también admiro y respeto. Conozco datos suficientes para saber que lo que leo hoy es lo que ellos escribieron hace unos 2000 años, y para saber que dijeron la verdad. Estos datos provienen de ramas del saber distintas a la fe sobrenatural, como la arqueología, la historia, la geografía, y también ciencias biológicas. Es decir, para creer que lo que escribió San Juan Evangelista es verdadero tengo casi tantos datos como los que hay para creer que todo lo que escribió Julio César sobre la Guerra de las Galias es verdadero.
A ellos se suma un dato definitorio, que es el dato de la fé. Pero ese dato no lo tienen todos. Sólo lo tienen quienes quieren de verdad creer, y si Dios les concede --gratuitamente-- la fe. Porque la fe, además de una elección, es un don. Pero dudo, mejor dicho, estoy convencido de que Dios no le niega este don a quien lo pida con humildad, insistencia y perseverancia. Ya sé que es paradójico porque algo hay que creer para empezar a pedir. Por lo menos hay que tener una cierta creencia en la existencia de alguien que va a escuchar nuestra petición, si no estaríamos locos. Pero, de nuevo, yo creo que basta tan sólo con la creencia en la posibilidad de que esa persona exista y nos escucha, para empezar a pedir, sin que la razón nos repruebe por ello.
La actitud que hay que tener para iniciar este proceso, actitud humilde, como la de un niño ante su Padre, se relaciona con otro "pensamiento rivoriano" sobre el que intentaré escribir en otro e-mail, que es el de la "acusación" de que nuestra fe es un cuento infantil. Sólo adelanto que Rivo tiene razón: nuestra fe, la fe católica apostólica y romana, es infantil, un cuento para niños. Claro que en este caso el cuento es verdadero.
Un abrazo a todos,
Xavier


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