Pilo, Pilito. Es Pilatos. Pilates son los ejercicios que hace mi mujer.
Hay muchos tipos de fe. De la que hablás vos, Neyra, es más bien "confianza". Vos no tenés fe en que tu amigo "existe". En todo caso, creés en su amistad. Aunque, en realidad, difiero un tanto de tu concepto de amistad. Por lo menos en mi caso, a mis amigos no los sometería a un test de confianza.
Es más, te diría que en muchos aspectos, mi mejor amigo no es muy confiable que digamos. Pero eso no importa. La verdad, y la vida me lo ha demostrado, no importa cuántas veces me defraude. Una vez, el hermano de su novia me preguntó si yo lo "recomendaría", si podía quedarse tranquilo con semejante novio. Yo me quedé pensando, y al fin le dije que no podía responderle. Yo no puedo "poner la mano en el fuego" por él, o por nadie. ¡No la pondría ni por mí! Si mi amigo se mandara la cagada más grande y terminara preso, no por eso dejaría de ser mi amigo, y no por eso yo dejaría de defenderlo, de hablar bien de él, de las otras mil cosas buenas que tiene.
Un amigo lo tenés para toda la vida, sin importar el tiempo y la distancia, ni las cosas que haga o deje de hacer, tanto si te da pruebas de que merece tu confianza como si te defrauda.
Biango quiere decirle a Dios qué milagros hacer, y cómo hacerlos. Vos, Neyra, querés que te de prueba fehaciente de que es merecedor de tu confianza. ¿No te parece un poco mucho? ¿Vos a tus amigos realmente les pedís también una prueba fehaciente e irrefutable antes de dignarte a concederles graciosamente tu confianza? No me digas que sí, porque no te creo. Yo ví tus ojos brillar de la emoción (¿o era el alcohol?) en la reunión de noviembre. Tenés demasiado corazón para que te crea que seas tan frío y calculador en la amistad. Para los negocios sí, claro, esperás que tu socio merezca tu confianza. Pero eso es otra cosa.
Listo. Me saqué esa espina.
Anyway... La Fe no es tanto tal como la entendés vos: que Dios te la regala para que creas en El. Es más bien como una apertura de tu mente hacia lo que es ajeno a ella, a algo que la trasciende y supera. Por esa apertura entra una luz que te permite "entender" las verdades de la Fe, cosas a las que la mente encerrada en sí misma es totalmente incapaz de alcanzar. Es una experiencia personal, ya que cada mente es cada mente. Supongo que en la mayoría de los casos esa luz se presenta más bien como una intuición de que "tiene que ser así, no puede ser de otra manera". En esos casos es muy difícil explicar la razón de esas verdades. Es como tratar de explicar la razón de que tu vecino existe. Es imposible dar una razón contundente y concluyente de la existencia de tu vecino. Y sin embargo es verdad, existe, vos lo viste esta mañana.
Así es la Fe. Es como una visión que se te da en un determinado momento. El error en el que mucha gente incurre es el de suponer que la Fe tiene que ser un sistema de verdades coherentes, como si se tratara de una teoría científica. Y en realidad se trata más bien de algo como un cuadro. A un cuadro no se le reclama coherencia. Se le pide belleza, eso sí. Y la visión en que consiste la Fe es la visión más bella. Y sobre todo, se le pide verdad. La realidad es la piedra de toque, no la coherencia. Y tiene sentido que sea así, puesto que al tratarse de verdades que trascienden la mente, no sería "coherente" que la mente pueda abarcarlas completamente como si se tratara de un teorema matemático.
Lo arduo del tema es que esa visión no está siempre presente. Ni tampoco podría estarlo, pues nos deslumbraría. De hecho, nos deslumbra. Y si en el éxtasis del descubrimiento de la verdad de que tu vecino existe tratás de llevar a otra gente para que "vea" también, o simplemente para corroborar tu creencia, puede suceder que tu vecino ya no esté en la puerta de su casa deseándote los buenos días como esta mañana.
Además de un don, la fe también es una elección. Una elección libre. La visión por sí misma no basta. Justamente porque no es un sistema cerrado de verdades coherentes que se "imponen" a la razón como un teorema de algún sabio griego. No hace falta querer creer el teorema de Tales: se entiende o no se entiende, no tiene nada que ver con una decisión de nuestra voluntad libre. Pero la Fe no se puede imponer a nuestra razón sin el ejercicio de nuestra libertad. El ejercicio de nuestra libertad es un requisito esencial de la Fe, como trataré de explicar más abajo. Nunca va a creer quien no quiera creer. Obvio, ¿no?
Estamos muy acostumbrados a oír y decir que Dios es omnipotente. Todo lo esperamos de El: que termine con el hambre en el mundo, que detenga los terremotos, que desvíe las balas de los asesinos, etc. etc. Y Dios es perfectamente libre también, o sea que si quisiera podría hacer todo eso. Right? WRONG! Hay muchas cosas que Dios no puede hacer:
1. Dios no puede engañarse ni engañarnos (lo dice el Catecismo)
2. Dios no puede dejar de ser Dios (lo digo yo). Aunque, Biango, insistas en pedir su retiro (: , o que al menos se tome unas vacaciones (¿no se las tiene merecidas?)
3. Dios no puede pasar por encima de nuestra libertad. No sólo es que no quiere, es que no puede, porque entonces contraría su propio designio. Sería como si dijera, "¡Uy, me equivoqué, volvamos a empezar!"
Dios crea por Amor, no se me ocurre por qué otra razón podría haberlo hecho. En su felicida infinita, esa que proviene del amor eterno que es el nexo de cohesión de las personas de la Trinidad, quiso compartirla. Como su felicidad nace del Amor, crea seres capaces de amar, para que amando también sean felices.
Y aquí viene el problemita. Para amar tenés que ser libre. Todo el romanticismo del enamoramiento adquiere su verdadero sentido en una decisión libre: la decisión de amar. Si sos forzado a amar... Es que no... Es una contradicción. ¿Te das cuenta? ¿Cómo es posible amar a la fuerza? Es imposible. Sólo ama el que quiere, libremente, amar. Así como que sólo puede creer el que quiere libremente creer. Punto.
¿Y es que Dios no "sabía" que esos seres libres, capaces de amar, podrían decidir lo contrario? Primero que no tiene sentido hablar de Dios en pasado, ya que está por afuera del tiempo. Por supuesto que Dios "sabe" que el hombre se va a mandar la Gran Cagada Original (y todas las cagadas subsiguientes). Pero decide correr el riesgo. Si Dios me hubiera preguntado a mí, probablemente le hubiera dicho que no valía la pena semejante riesgo, sin pensarlo dos veces, conociendo la cantidad ingente de sufrimiento que ese mal uso de la libertad ha provocado (y seguirá provocando). Claro, entonces yo no existiría, y pobre Dios se quedaría sin consejero. La cuestión es que decide correr el riesgo. Para El vale la pena. Para El, el amor, la felicidad que de el proviene, hace que valga la pena. El sabrá por qué. ¡Eso espero!
Te aseguro que en una época me devané los sesos tratando de imaginarme una alternativa, algo más seguro, que nos permitiera amar y ser felices sin el riesgo del mal uso de la libertad. ¿A vos se te ocurre algo, Biango? Yo hace mucho tiempo que ya me di por vencido.
Corcho querido, me hiciste reír con tu pregunta. Goyo puso las cosas en su lugar. Los que deben dar explicaciones, los que debemos dar explicaciones somos los que, por el motivo que sea, mantuvimos la Fe a través de los años. A mí no deja de admirarme que haya gente que con la poca formación que tienen mantengan una fe aún más firme que la mía. ¿Quieren milagros? ¡Eso sí que es un milagro!
Y no me refiero tanto a la fe en Dios. Fe en Dios cualquiera la tiene. Es la tendencia natural. Ha sido la tendencia natural de todos los hombres desde los más remotos rincones de la prehistoria. A lo que me refiero, que creo interpretar que es lo mismo a lo que te referís vos, Corcho, es a la Fe en la Iglesia. Y creer que ella es Santa, Católica y Apostólica, como decimos los domingos en misa los que todavía vamos a misa, a pesar de las trastadas que se han mandado tantos cristianos a lo largo de la historia. ¡Y no cualquier cristiano! Curas, monjes, monjas, obispos, ¡Papas! ¡Eso sí que es un milagro!
Las clases de Religión nunca fueron una prioridad para nadie. Bueno, quizás haya alguna excepción. Que levante la mano. Soy de la opinión de que la instrucción religiosa que se impartía (no digo que recibimos pues eso implica nuestra libertad) en el San Pablo era de lo mejorcito que se podía encontrar en ese tiempo y edad. Sin embargo, yo estoy convencido de que hoy yo tampoco tendría un pito de Fe si no fuera porque por alguna misteriosa razón, Dios quiso que estuviera 10 años en el Opus Dei, recibiendo más formación.
Ya sé que alguno pensará, "diría más bien recibiendo lavados de cerebro". No. No lo crean por dos segundos. O mi cerebro está tan sucio que es imposible que nadie lo lave, o es que nadie nunca intentó lavarlo. La gente se va del Opus Dei. Yo me fui, y lo cómico es que mi decisión estuvo firmemente fundamentada en lo que aprendí en el Opus Dei. O sus técnicas de "lavado" son muy malas, o lo del lavado de cerebros es toda una patraña. Esto último es lo que yo creo. Firmemente.
Todos los veranos los numerarios toman clases de Filosofía y de Teología, que siguen después durante todo el año, una hora por semana. Debo confesar que, como de costumbre, nunca me destaqué en esas clases, ni en los exámenes. Pero algo queda. Y además rezaba. Rezaba como un descocido. Así y todo, 6 años después de estar recibiendo religión por los cuatro costados, todavía tenía dudas tremendas. Y en algunas ocasiones hasta con ganas de que mis dudas fueran bien fundadas.
Así y todo, a duras penas mantengo mi Fe, más por gracia de Dios que por esfuerzo propio. ¿Cómo me voy a sorprender de que otros pierdan la Fe? Ni bien salimos del cascarón del Colegio, y de nuestras familias, los ataques contra la Fe arrecian con la furia de una tormenta desencadenada. Nuestra cultura actual será Occidental; pero de Cristiana tiene poco y nada. En la mayoría de los casos no se trata de ataques frontales, sino de sobreentendidos que sobrevuelan todos los ambientes culturales o pseudo-culturales, científicos e intelectuales. Es como una voz que no necesariamente sale de la boca como un dardo ponzoñoso, pero que todos escuchamos. Es una voz que nos susurra al oído: "todos esos cuentos de los curas están muy bien para los chicos, pero ahora sos una persona adulta y, sinceramente, ¿cómo vas a creer que una Virgen tenga un bebé? ¿Cómo vas a seguir creyendo que Dios creó el mundo cuando la ciencia ha "demostrado" con lujo de detalles que es todo producto de la Evolución?" Y eso es tan sólo en el ámbito del conocimiento. ¡Ni hablar del ámbito moral! "¿Sexo sin forro? ¡Pero vos sos un forro! ¿Sexo sólo en el matrimonio? ¡Pero de qué planeta venís!" La presión es tremenda.
Cuento algo que me llena de vergüenza. Un día en la facultad, en grupo de compañeros contábamos chistes, y uno de ellos contó uno que tengo la terrible sospecha que era no sólo obceno, sino abiertamente blasfemo, una burla grotesca hacia una de las creencias más entrañables de la Iglesia. Y el que lo contaba no ignoraba cuáles eran mis creencias, ni tampoco era un mal tipo que me quería hacer pasar un mal rato. Lo decía con toda la candidez de quien está absolutamente persuadido de que no existe persona medianamente inteligente que realmente "crea" semejante inverosimilitud. Pensándolo bien, seguramente creería que me hacía un elogio ya que me consideraba "medianamente inteligente". Mi vergüenza proviene de que yo me quedé callado la boca. Esbocé una tibia defensa ante mi conciencia de que en realidad no estaba prestando demasiada atención al chiste, lo cual es cierto, y que no entendí bien de qué se trataba, lo cual también es cierto. Lo que no es cierto es que no entendí lo suficiente como para no sospechar de que se trataba de una blasfemia rampante. Por supuesto, no sirvió de nada que mi compañero no tuviera intención de molestarme. Igual la pasé como la mona, debatiendo con mi conciencia, que al final me ganó por KO y me dio su veredicto: cobarde.
Como decía, la presión es tremenda. Lo milagroso y difícil de explicar es que todavía exista tanta gente con tanta fe. Y hago un paréntesis para exultar con quienes quieran exultar conmigo, ante mi asombro por la Iglesia en Massachusetts, epicentro de probablemente el mayor escándalo clerical que se conoce en la historia. Es aberrante lo que ciertos curas hicieron por aquí, apañados por sus obispos. Es una vergüenza atroz. Si antes ya me daba vergüenza manifestar mi Fe, imagínense lo que sería ahora cuando el ser católico significaría ser automáticamente asimilado con curas pedófilos. Cualquiera creería que se produciría una deserción masiva de las iglesias. Lo cierto es que iglesia a la que vayamos un domingo, si no llegamos temprano nos quedamos parados. No sé si llamarle milagro, pero a mí no deja de admirarme.
Me quedan en el tintero muchísimos pensamientos que se me han ido ocurriendo a medida que leía la catarata de e-mails. Me queda por comentar lo de la remera de Lucio (la verdad, me hizo reír la anécdota). También quería comentar el aparente "sincretismo" religioso de Goyo, y los pruritos contra la "arrogancia" de la Iglesia de Pilo. Y la pregunta de Pablo... Y los comentarios de Rivo... Y.... Es recontra tarde.
Sigo en otro momento. Un fuerte abrazo a todos.
Xavier