E-mails extraídos de lo que me parecieron interesantes debates en el grupo de ex-compañeros del Colegio San Pablo. Los he publicado sin filtro, tal como los envié al grupo. Están escritos desde el corazón, sin pretenciones, y con ciertos modismos y expresiones propias de este tipo de ralea (a la que me enorgullezco de pertenecer).

Ciertos modos de expresarme pueden llegar a resultar ofensivos para el oído ajeno a este grupo.

No me decidía a si pulirlos antes de ofrecerlos a la mirada general, o publicarlos tal como están. Por fin, como esta indecisión--aliada inestimable de mi pereza-- se prolongaba ya en años, decidí publicarlos como están, y someter la decisión última al juicio de mis lectores, si es que existen en el mundo sujetos semejantes.

Y no me resulta honesto terminar esta advertencia sin agregar un detalle significativo: ni siquiera se si mis compañeros del San Pablo los han leído, especialmente aquellos más extensos y aburridos. Pero se que algunos sí los han leído--Lolo, Santiago...., y Lolo... y Santiago....--y son los comentarios expresos de estos dos queridos compañeros (y los tácitos de otros muchos, estoy persuadido), los que me han animado a iniciar este blog.

Si luego de esta advertencia, deciden seguir adelante, no me hago responsable por el tiempo perdido y aburrido. A aquellos que sobrevivan el desafío de leerlo, les agradeceré que dejen algún comentario, especialmente su opinión respecto a si debo pulirlo o dejarlo como está.

Muchísimas gracias por haber leído (por lo menos hasta aquí).

lunes, 14 de septiembre de 2009

Del Sincretismo a la Intolerancia

(Advertencia: este e-mail está totalmente descolgado. Es una respuesta a una seguidilla que terminó con un e-mail de Julián allá por el mes de enero. Siempre me quedo con dudas sobre si enviar lo escrito o no; entonces lo guardo en el "draft folder" o carpeta de borradores y, cada tanto, como ahora, lo vuelvo a releer y le voy agregando cositas. Como el foro está demasiado quieto, aprovecho y lo envío. Sepan disculpar semejante "rappel")

Tenés razón, Julián. Por supuesto que la Fe la recibí de Dios. Quise decir que a través del Opus y el Colegio fue que recibí formación religiosa. Y, por supuesto también que es importantísimo el rol de los padres. Aunque también he visto ejemplos de padres bien católicos que después sus hijos salen para el otro lado.

Goyo, sincretismo religioso es como un sentimiento generalizado de que todas las religiones están bien, que lo mismo da una que otra. El problema del sincretismo es que muy fácilmente se transforma en ideología, puesto que tiene un tufillo de complacencia que aquí le llamarían "self-righteousness". En pocas palabras, el sincretista está a un paso de exigir que todos piensen como él, puesto que es la posición más tolerante. Es así que, paradójicamente, de la tolerancia absoluta se puede pasar casi sin darte cuenta a la intolerancia más absoluta. A la larga o a la corta el sincretista no puede soportar al verdadero hombre de fe, que cree en lo que cree porque lo cree verdadero. En nuestra cultura actual el sincretismo está muy en boga.

¿Sabés en qué otra época el sincretismo estaba muy en boga? En el Imperio Romano, en la época que el Cristianismo recién comenzaba a extenderse. En esa época había como un florecimiento de distintas religiones, la mayoría provenientes de Asia. Pero ninguna de esas religiones tenía un sistema dogmático rígido como la Iglesia, que muy temprano ya empezaba a determinar con una autoridad llamativa cuáles eran las verdades de la ortodoxia cristiana, y cuáles teorías eran "anatema".

Pero fuera de la Iglesia, era todo muy "light": en la mayoría de los casos, cosas que se ponían de moda un día y luego desaparecían. Ese espíritu sincretista llevaba a ser muy tolerante y comprensivo con todas las religiones, y todo estaba bien porque no era imaginable que pudiera existir una religión tan convencida de estar en la verdad como la Iglesia. Por eso estaban muy sorprendidos de que hicieran tanto problema para rendir culto de divinidad al Emperador. Es más, esa gente era tan testaruda --que es, Pilo, la actitud equivalente a lo que hoy parece arrogancia--, que parecían dispuestas a arriesgar su vida por sus creencias. De hecho, tan dispuestos estaban, tan "arrogantes" eran, que fueron diezmados por las distintas y varias persecuciones, algunas encubiertas y otras oficialmente declaradas por el Emperador.

Hoy podemos ser testigos de varias persecuciones en contra de la Iglesia en muchos lugares del mundo, más o menos formalmente declaradas. No es ningún secreto que los católicos son perseguidos en muchos lugares, como en China y muchos países musulmanes. En Occidente, ese que algunos delirantes describen como "cristiano", las persecuciones también abundan. Aunque solapadas en la mayoría de los casos, de a poco se van "oficializando" a medida que este sincretismo característico de la New Age va de a poco copando las esferas de poder e imponiendo su "tolerancia" (en realidad es un modo muy peculiar de considerar la tolerancia) a todo el mundo.

Por ejemplo, por más que uno se esfuerce en tratar de no ver brujas y diablos debajo de cada piedra, cada vez se hace más difícil negar que en la ONU el ser católico ortodoxo (p. ej. defendiendo la vida desde la concepción hasta la muerte natural), es garantía absoluta de no tener ningún futuro dentro de la organización, si es que por algún descuido un católico se consiguiera "colar".

En muchos países de Europa y de a poco también en USA y Latinoamérica, se empieza también a discernir esta "imposición" de la "tolerancia", muy especialmente en el caso de los homosexuales. De a poquito, pero sin descanso, se van promoviendo y aprobando leyes que discriminan en contra de instituciones católicas que pretendan enseñar la doctrina de la Iglesia sobre el comportamiento homosexual. Otro caso típico y patente es el de las agencias de adopción de niños patrocinadas por la Iglesia o llevadas adelante por católicos. En Inglaterra, por ejemplo, todas ellas han tenido que cerrar sus servicios porque negarles la adopción a parejas homosexuales se ha transformado en un delito. La alternativa era seguir, e ir preso. Hubo incluso un caso de un pastor protestante que lo pusieron preso porque en un sermón explicó por qué los actos homosexuales son inmorales.

Catacumbas romanas
Pero el caso del movimiento homosexual es tan sólo un ejemplo entre muchos. Y no sé si es peor la sanción legal o la sanción social, que funciona de maravillas como mecanismo de discriminación que termina condenando al ostracismo al católico ortodoxo en tantos ambientes pseudo-intelectuales o pseudo-científicos. Los católicos tenemos sin embargo una "desgracia con suerte", si se puede llamar así, que es el testimonio negativo de tantos que se autodenominan católicos pero que piensan y predican teorías totalmente opuestas a la doctrina de la Iglesia; que son católicos sólo formalmente. La suerte de esta desgracia radica en que si uno se queda calladito la boca, todavía puede ser católico practicante y acceder a muchos de estos círculos, donde siempre existirá la duda gracias a estos "católicos formales sobre si uno es uno de ellos o un "fundamentalista" (la Gran Herejía, el Gran Satán de la New Age sincretista).

Espero, Goyo, que esto te haya servido de explicación del término "sincretismo". Sorry por la extensión. No puedo frenar los dedos sobre el teclado! Y, como dije al principio, siempre le voy agregando cositas a estos e-mails que me quedan en el "draft folder".

Un fuerte abrazo,

Xavier

sábado, 28 de febrero de 2009

Fe o falta de ella

Pilo, Pilito. Es Pilatos. Pilates son los ejercicios que hace mi mujer.

Hay muchos tipos de fe. De la que hablás vos, Neyra, es más bien "confianza". Vos no tenés fe en que tu amigo "existe". En todo caso, creés en su amistad. Aunque, en realidad, difiero un tanto de tu concepto de amistad. Por lo menos en mi caso, a mis amigos no los sometería a un test de confianza.

Es más, te diría que en muchos aspectos, mi mejor amigo no es muy confiable que digamos. Pero eso no importa. La verdad, y la vida me lo ha demostrado, no importa cuántas veces me defraude. Una vez, el hermano de su novia me preguntó si yo lo "recomendaría", si podía quedarse tranquilo con semejante novio. Yo me quedé pensando, y al fin le dije que no podía responderle. Yo no puedo "poner la mano en el fuego" por él, o por nadie. ¡No la pondría ni por mí! Si mi amigo se mandara la cagada más grande y terminara preso, no por eso dejaría de ser mi amigo, y no por eso yo dejaría de defenderlo, de hablar bien de él, de las otras mil cosas buenas que tiene.

Un amigo lo tenés para toda la vida, sin importar el tiempo y la distancia, ni las cosas que haga o deje de hacer, tanto si te da pruebas de que merece tu confianza como si te defrauda.

Biango quiere decirle a Dios qué milagros hacer, y cómo hacerlos. Vos, Neyra, querés que te de prueba fehaciente de que es merecedor de tu confianza. ¿No te parece un poco mucho? ¿Vos a tus amigos realmente les pedís también una prueba fehaciente e irrefutable antes de dignarte a concederles graciosamente tu confianza? No me digas que sí, porque no te creo. Yo ví tus ojos brillar de la emoción (¿o era el alcohol?) en la reunión de noviembre. Tenés demasiado corazón para que te crea que seas tan frío y calculador en la amistad. Para los negocios sí, claro, esperás que tu socio merezca tu confianza. Pero eso es otra cosa.

Listo. Me saqué esa espina.

Anyway... La Fe no es tanto tal como la entendés vos: que Dios te la regala para que creas en El. Es más bien como una apertura de tu mente hacia lo que es ajeno a ella, a algo que la trasciende y supera. Por esa apertura entra una luz que te permite "entender" las verdades de la Fe, cosas a las que la mente encerrada en sí misma es totalmente incapaz de alcanzar. Es una experiencia personal, ya que cada mente es cada mente. Supongo que en la mayoría de los casos esa luz se presenta más bien como una intuición de que "tiene que ser así, no puede ser de otra manera". En esos casos es muy difícil explicar la razón de esas verdades. Es como tratar de explicar la razón de que tu vecino existe. Es imposible dar una razón contundente y concluyente de la existencia de tu vecino. Y sin embargo es verdad, existe, vos lo viste esta mañana.

Así es la Fe. Es como una visión que se te da en un determinado momento. El error en el que mucha gente incurre es el de suponer que la Fe tiene que ser un sistema de verdades coherentes, como si se tratara de una teoría científica. Y en realidad se trata más bien de algo como un cuadro. A un cuadro no se le reclama coherencia. Se le pide belleza, eso sí. Y la visión en que consiste la Fe es la visión más bella. Y sobre todo, se le pide verdad. La realidad es la piedra de toque, no la coherencia. Y tiene sentido que sea así, puesto que al tratarse de verdades que trascienden la mente, no sería "coherente" que la mente pueda abarcarlas completamente como si se tratara de un teorema matemático.

Lo arduo del tema es que esa visión no está siempre presente. Ni tampoco podría estarlo, pues nos deslumbraría. De hecho, nos deslumbra. Y si en el éxtasis del descubrimiento de la verdad de que tu vecino existe tratás de llevar a otra gente para que "vea" también, o simplemente para corroborar tu creencia, puede suceder que tu vecino ya no esté en la puerta de su casa deseándote los buenos días como esta mañana.

Además de un don, la fe también es una elección. Una elección libre. La visión por sí misma no basta. Justamente porque no es un sistema cerrado de verdades coherentes que se "imponen" a la razón como un teorema de algún sabio griego. No hace falta querer creer el teorema de Tales: se entiende o no se entiende, no tiene nada que ver con una decisión de nuestra voluntad libre. Pero la Fe no se puede imponer a nuestra razón sin el ejercicio de nuestra libertad. El ejercicio de nuestra libertad es un requisito esencial de la Fe, como trataré de explicar más abajo. Nunca va a creer quien no quiera creer. Obvio, ¿no?

Estamos muy acostumbrados a oír y decir que Dios es omnipotente. Todo lo esperamos de El: que termine con el hambre en el mundo, que detenga los terremotos, que desvíe las balas de los asesinos, etc. etc. Y Dios es perfectamente libre también, o sea que si quisiera podría hacer todo eso. Right? WRONG! Hay muchas cosas que Dios no puede hacer:
1. Dios no puede engañarse ni engañarnos (lo dice el Catecismo)
2. Dios no puede dejar de ser Dios (lo digo yo). Aunque, Biango, insistas en pedir su retiro (: , o que al menos se tome unas vacaciones (¿no se las tiene merecidas?)
3. Dios no puede pasar por encima de nuestra libertad. No sólo es que no quiere, es que no puede, porque entonces contraría su propio designio. Sería como si dijera, "¡Uy, me equivoqué, volvamos a empezar!"

Dios crea por Amor, no se me ocurre por qué otra razón podría haberlo hecho. En su felicida infinita, esa que proviene del amor eterno que es el nexo de cohesión de las personas de la Trinidad, quiso compartirla. Como su felicidad nace del Amor, crea seres capaces de amar, para que amando también sean felices.

Y aquí viene el problemita. Para amar tenés que ser libre. Todo el romanticismo del enamoramiento adquiere su verdadero sentido en una decisión libre: la decisión de amar. Si sos forzado a amar... Es que no... Es una contradicción. ¿Te das cuenta? ¿Cómo es posible amar a la fuerza? Es imposible. Sólo ama el que quiere, libremente, amar. Así como que sólo puede creer el que quiere libremente creer. Punto.

¿Y es que Dios no "sabía" que esos seres libres, capaces de amar, podrían decidir lo contrario? Primero que no tiene sentido hablar de Dios en pasado, ya que está por afuera del tiempo. Por supuesto que Dios "sabe" que el hombre se va a mandar la Gran Cagada Original (y todas las cagadas subsiguientes). Pero decide correr el riesgo. Si Dios me hubiera preguntado a mí, probablemente le hubiera dicho que no valía la pena semejante riesgo, sin pensarlo dos veces, conociendo la cantidad ingente de sufrimiento que ese mal uso de la libertad ha provocado (y seguirá provocando). Claro, entonces yo no existiría, y pobre Dios se quedaría sin consejero. La cuestión es que decide correr el riesgo. Para El vale la pena. Para El, el amor, la felicidad que de el proviene, hace que valga la pena. El sabrá por qué. ¡Eso espero!

Te aseguro que en una época me devané los sesos tratando de imaginarme una alternativa, algo más seguro, que nos permitiera amar y ser felices sin el riesgo del mal uso de la libertad. ¿A vos se te ocurre algo, Biango? Yo hace mucho tiempo que ya me di por vencido.

Corcho querido, me hiciste reír con tu pregunta. Goyo puso las cosas en su lugar. Los que deben dar explicaciones, los que debemos dar explicaciones somos los que, por el motivo que sea, mantuvimos la Fe a través de los años. A mí no deja de admirarme que haya gente que con la poca formación que tienen mantengan una fe aún más firme que la mía. ¿Quieren milagros? ¡Eso sí que es un milagro!

Y no me refiero tanto a la fe en Dios. Fe en Dios cualquiera la tiene. Es la tendencia natural. Ha sido la tendencia natural de todos los hombres desde los más remotos rincones de la prehistoria. A lo que me refiero, que creo interpretar que es lo mismo a lo que te referís vos, Corcho, es a la Fe en la Iglesia. Y creer que ella es Santa, Católica y Apostólica, como decimos los domingos en misa los que todavía vamos a misa, a pesar de las trastadas que se han mandado tantos cristianos a lo largo de la historia. ¡Y no cualquier cristiano! Curas, monjes, monjas, obispos, ¡Papas! ¡Eso sí que es un milagro!

Las clases de Religión nunca fueron una prioridad para nadie. Bueno, quizás haya alguna excepción. Que levante la mano. Soy de la opinión de que la instrucción religiosa que se impartía (no digo que recibimos pues eso implica nuestra libertad) en el San Pablo era de lo mejorcito que se podía encontrar en ese tiempo y edad. Sin embargo, yo estoy convencido de que hoy yo tampoco tendría un pito de Fe si no fuera porque por alguna misteriosa razón, Dios quiso que estuviera 10 años en el Opus Dei, recibiendo más formación.

Ya sé que alguno pensará, "diría más bien recibiendo lavados de cerebro". No. No lo crean por dos segundos. O mi cerebro está tan sucio que es imposible que nadie lo lave, o es que nadie nunca intentó lavarlo. La gente se va del Opus Dei. Yo me fui, y lo cómico es que mi decisión estuvo firmemente fundamentada en lo que aprendí en el Opus Dei. O sus técnicas de "lavado" son muy malas, o lo del lavado de cerebros es toda una patraña. Esto último es lo que yo creo. Firmemente.

Todos los veranos los numerarios toman clases de Filosofía y de Teología, que siguen después durante todo el año, una hora por semana. Debo confesar que, como de costumbre, nunca me destaqué en esas clases, ni en los exámenes. Pero algo queda. Y además rezaba. Rezaba como un descocido. Así y todo, 6 años después de estar recibiendo religión por los cuatro costados, todavía tenía dudas tremendas. Y en algunas ocasiones hasta con ganas de que mis dudas fueran bien fundadas.

Así y todo, a duras penas mantengo mi Fe, más por gracia de Dios que por esfuerzo propio. ¿Cómo me voy a sorprender de que otros pierdan la Fe? Ni bien salimos del cascarón del Colegio, y de nuestras familias, los ataques contra la Fe arrecian con la furia de una tormenta desencadenada. Nuestra cultura actual será Occidental; pero de Cristiana tiene poco y nada. En la mayoría de los casos no se trata de ataques frontales, sino de sobreentendidos que sobrevuelan todos los ambientes culturales o pseudo-culturales, científicos e intelectuales. Es como una voz que no necesariamente sale de la boca como un dardo ponzoñoso, pero que todos escuchamos. Es una voz que nos susurra al oído: "todos esos cuentos de los curas están muy bien para los chicos, pero ahora sos una persona adulta y, sinceramente, ¿cómo vas a creer que una Virgen tenga un bebé? ¿Cómo vas a seguir creyendo que Dios creó el mundo cuando la ciencia ha "demostrado" con lujo de detalles que es todo producto de la Evolución?" Y eso es tan sólo en el ámbito del conocimiento. ¡Ni hablar del ámbito moral! "¿Sexo sin forro? ¡Pero vos sos un forro! ¿Sexo sólo en el matrimonio? ¡Pero de qué planeta venís!" La presión es tremenda.

Cuento algo que me llena de vergüenza. Un día en la facultad, en grupo de compañeros contábamos chistes, y uno de ellos contó uno que tengo la terrible sospecha que era no sólo obceno, sino abiertamente blasfemo, una burla grotesca hacia una de las creencias más entrañables de la Iglesia. Y el que lo contaba no ignoraba cuáles eran mis creencias, ni tampoco era un mal tipo que me quería hacer pasar un mal rato. Lo decía con toda la candidez de quien está absolutamente persuadido de que no existe persona medianamente inteligente que realmente "crea" semejante inverosimilitud. Pensándolo bien, seguramente creería que me hacía un elogio ya que me consideraba "medianamente inteligente". Mi vergüenza proviene de que yo me quedé callado la boca. Esbocé una tibia defensa ante mi conciencia de que en realidad no estaba prestando demasiada atención al chiste, lo cual es cierto, y que no entendí bien de qué se trataba, lo cual también es cierto. Lo que no es cierto es que no entendí lo suficiente como para no sospechar de que se trataba de una blasfemia rampante. Por supuesto, no sirvió de nada que mi compañero no tuviera intención de molestarme. Igual la pasé como la mona, debatiendo con mi conciencia, que al final me ganó por KO y me dio su veredicto: cobarde.

Como decía, la presión es tremenda. Lo milagroso y difícil de explicar es que todavía exista tanta gente con tanta fe. Y hago un paréntesis para exultar con quienes quieran exultar conmigo, ante mi asombro por la Iglesia en Massachusetts, epicentro de probablemente el mayor escándalo clerical que se conoce en la historia. Es aberrante lo que ciertos curas hicieron por aquí, apañados por sus obispos. Es una vergüenza atroz. Si antes ya me daba vergüenza manifestar mi Fe, imagínense lo que sería ahora cuando el ser católico significaría ser automáticamente asimilado con curas pedófilos. Cualquiera creería que se produciría una deserción masiva de las iglesias. Lo cierto es que iglesia a la que vayamos un domingo, si no llegamos temprano nos quedamos parados. No sé si llamarle milagro, pero a mí no deja de admirarme.

Me quedan en el tintero muchísimos pensamientos que se me han ido ocurriendo a medida que leía la catarata de e-mails. Me queda por comentar lo de la remera de Lucio (la verdad, me hizo reír la anécdota). También quería comentar el aparente "sincretismo" religioso de Goyo, y los pruritos contra la "arrogancia" de la Iglesia de Pilo. Y la pregunta de Pablo... Y los comentarios de Rivo... Y.... Es recontra tarde.

Sigo en otro momento. Un fuerte abrazo a todos.

Xavier

jueves, 26 de febrero de 2009

La fe del cieguito

Querido Lucio:

A mí también me pasa lo mismo.

No se me ocurre otra cosa que usar las mismas palabras del cieguito del Evangelio, que se acerca a que Jesús lo cure y Jesús le sale con la preguntita: "¿Pero tú crees?". El cieguito, pura honestidad, le contesta: "Creo, Señor... pero aumenta mi fe". Lo que yo leo como, "sí, creo pero no tanto. Creo, pero muchas veces me asaltan dudas." No es fácil creer, aunque paradójicamente la fe es un regalo de Dios. Pero para aceptar bien un regalo hay que hacerse como un niño, a quienes no les importa deber nada a nadie.

Jesús al cieguito lo curó. Pero no le exigió una fe "ciega" (valga la paradoja). Por eso a nosotros también nos acepta un "por las dudas". Un por las dudas de que haya alguien que escucha nuestra súplica: "Auméntame la Fe", para los que ya (o todavía) creemos algo. Para los que no creen nada, también les acepta un "por las dudas", aunque en ese caso la súplica sea un "regálame la Fe".

Fuerte abrazo,

Xavier

viernes, 20 de febrero de 2009

"Vade retro" y "seréis como dioses"

"Vade retro, Satanás", le dijo Jesús a Pedro cuando intentó disuadirlo de ir a Jerusalem (donde se sabía que lo esperaban para matarlo).

"Seréis como dioses, conocedores de la ciencia del bien y del mal", le dijo la serpiente a Eva. Es la tentación de todos los tiempos: querer ser uno quien decide lo que está bien o mal, no tener que aceptar una autoridad superior. Aceptar los milagros es una forma de aceptar que existe una autoridad superior.

jueves, 19 de febrero de 2009

Milagro del Padre Pío

Biango: Para serte honesto, a mí tampoco me cierra. Pero hay millones de personas a los que sí, y no seré yo quien los tache de ignorantes. Millones de personas acuden a Lourdes cada año (más de 5 millones el año pasado), y no seré yo el que les diga que sus esperanzas son vanas, o les cuestionaré por qué creen que si Dios quiere curarlos los "obliga" a hacer el viajecito. Tampoco me cierra que la sangre de San Genaro se licúe 2 veces por año (varios científicos siguen elaborando teorías para tratar de explicar tan curioso fenómeno). Sin embargo no seré yo quien trate de convencer al millón y pico de napolitanos de que no crean a pies juntillas que el año que la sangre no se licúe el Vesubio les va a explotar en las cabezas.

Tampoco seré yo quien le diga a Dios qué milagros debería hacer o cómo hacerlos, ni que se deje de boludear con milagritos con cámaras digitales. Quizás los milagros serían distintos y no habría tanta hambre en el mundo si vos fueras Dios.... Quizás deberías candidatearte para el puesto. Yo paso.

Xavier