E-mails extraídos de lo que me parecieron interesantes debates en el grupo de ex-compañeros del Colegio San Pablo. Los he publicado sin filtro, tal como los envié al grupo. Están escritos desde el corazón, sin pretenciones, y con ciertos modismos y expresiones propias de este tipo de ralea (a la que me enorgullezco de pertenecer).

Ciertos modos de expresarme pueden llegar a resultar ofensivos para el oído ajeno a este grupo.

No me decidía a si pulirlos antes de ofrecerlos a la mirada general, o publicarlos tal como están. Por fin, como esta indecisión--aliada inestimable de mi pereza-- se prolongaba ya en años, decidí publicarlos como están, y someter la decisión última al juicio de mis lectores, si es que existen en el mundo sujetos semejantes.

Y no me resulta honesto terminar esta advertencia sin agregar un detalle significativo: ni siquiera se si mis compañeros del San Pablo los han leído, especialmente aquellos más extensos y aburridos. Pero se que algunos sí los han leído--Lolo, Santiago...., y Lolo... y Santiago....--y son los comentarios expresos de estos dos queridos compañeros (y los tácitos de otros muchos, estoy persuadido), los que me han animado a iniciar este blog.

Si luego de esta advertencia, deciden seguir adelante, no me hago responsable por el tiempo perdido y aburrido. A aquellos que sobrevivan el desafío de leerlo, les agradeceré que dejen algún comentario, especialmente su opinión respecto a si debo pulirlo o dejarlo como está.

Muchísimas gracias por haber leído (por lo menos hasta aquí).

miércoles, 27 de diciembre de 2006

La alegría cristiana y la tristeza maniquea

Querido Lucio:

Lucio Leverone
Yo no sé de dónde sale eso de la culpa por ser feliz, por disfrutarla y pasarla bien. Por el contrario, a mí me enseñaron que había que sentir culpa por no pasarla bien, por estar triste (a Escrivá le gustaba decir que "un santo triste es un triste santo"), por no saber disfrutar de las cosas buenas de la vida. En primer lugar, porque implica ser un desagradecido con Dios, que es quien nos da todas esas cosas buenas de la vida, empezando por la vida misma.

No quiero ponerme pedante, pero da la casualidad de que acabo de terminar de leer una "biografía" de Santo Tomás de Aquino, por un escritor inglés, G.K. Chesterton. (¡En serio, no es joda!) La recomiendo calurosamente a cualquiera que quiera entender un poco mejor de qué se trata el catolicismo. También, del mismo autor, recomiendo "Ortodoxia", que es una especie de autobiografía interior relatando cómo se dio su conversión al catolicismo.

No quiero ponerme a escribir otra epístola a estas horas, ni tampoco quiero abusar de vuestra paciencia. Simplemente me limito a comentar un par de ideas fundamentales que se relacionan con lo que decís. Mejor, me limito a una sola.

Aunque ahora a algunos les parezca que el tomismo es la más pura ortodoxia católica, en su momento Santo Tomás provocó una verdadera revolución en la Iglesia, y no estuvo lejos de ser condenado como hereje. De hecho, muchos obispos de su tiempo lo consideraban hereje, porque hasta ese entonces el platonismo agustiniano era la última palabra y la filosofía de Aristóteles era considerada mero paganismo, o, aún peor, el fundamento del mahometanismo, percibido por muchos en esa épocas (y en muchas otras) como el enemigo número uno del Cristianismo (era la época de las primeras cruzadas).

Hago un paréntesis para señalar la apertura mental que tenía Santo Tomás, quien descubre a Aristóteles --¡un "pagano"!-- a través de sus lecturas de Averroes, filósofo mahometano --¡un hereje!

Aunque San Agustín no haya llevado nunca sus teorías al extremo, en el platonismo están las semillas del maniqueísmo; por concentrarse tanto, por poner tanto énfasis en lo espiritual, se termina despreciando lo material, hasta el punto de considerar al cuerpo como la cárcel del alma. La solidez implacable de la lógica tomista hizo añicos el maniqueísmo, que terminó siendo condenado como herejía. Pero los secuaces del cristianismo espiritualista, amargado, gris, de los que rehúyen toda satisfacción material como cuasi pecaminosa, de alguna manera sobrevivió durante siglos, para renacer como el ave fénix, en un convento alemán, y hacerse fuerte nuevamente a través del vozarrón y el carisma de un monje agustino (no es casualidad) llamado Martín Lutero. Y ya no había un Santo Tomás para ponerlo en línea. Es más, no había nadie para ponerlo en línea puesto que la decadencia y la corrupción de la Iglesia de entonces manchaba al mismísimo papado. Por eso se produce el cisma. Y en buena hora --podría pensarse-- porque así la Iglesia se desprendería de una vez por todas del lastre de la tentación permanente del maniqueísmo. Pero no fue así, y todavía hoy nos encontramos con mucha gente dentro de la Iglesia con mentalidad maniquea. O sea que me desdigo de lo que dije al principio. Antes no sabía de dónde salía tanto énfasis en la culpabilidad; ahora sí.

Pero por lo menos ahora se sabe dónde está la verdadera ortodoxia. Y no es ciertamente del lado espiritualista. Santo Tomás introdujo de una vez para siempre la idea del materialismo cristiano. Las pruebas que dan sustento a la ortodoxia de este materialismo son dos verdades contundentes, salidas de la boca y de la vida misma de Jesucristo: la Encarnación, misterio que estamos celebrando estos días, misterio de Dios hecho carne, que ya no es más "puro espíritu" y que de ahora en más comparte y dignifica el cuerpo humano) y la doctrina de la resurrección de los cuerpos. Ya nadie puede menospreciar la carne y considerarse católico ortodoxo.

Y la idea de que "hay que estar triste para semana santa" es tanto más patética cuanto que contradice abiertamente palabras textuales del mismo Dios hecho carne: "cuando ayunéis no hagáis como los escribas y fariseos que se hechan ceniza en la cabeza para aparecer más demacrados".... Bueno no era exactamente eso lo que dijo, pero la idea está. La alegría es una virtud cristiana; la tristeza es el opuesto. El cristiano triste y pesimista es una caricatura de cristiano.

En otro e-mail veré de referirme a los otros temas que planteás en tu e-mail: el sacrificio por el sacrificio mismo (incluidas caminatas a Luján) y el rezo del Santo Rosario.

Un fuerte abrazo y muy feliz año nuevo para todos.

Xavier

No hay comentarios.:

Publicar un comentario