E-mails extraídos de lo que me parecieron interesantes debates en el grupo de ex-compañeros del Colegio San Pablo. Los he publicado sin filtro, tal como los envié al grupo. Están escritos desde el corazón, sin pretenciones, y con ciertos modismos y expresiones propias de este tipo de ralea (a la que me enorgullezco de pertenecer).

Ciertos modos de expresarme pueden llegar a resultar ofensivos para el oído ajeno a este grupo.

No me decidía a si pulirlos antes de ofrecerlos a la mirada general, o publicarlos tal como están. Por fin, como esta indecisión--aliada inestimable de mi pereza-- se prolongaba ya en años, decidí publicarlos como están, y someter la decisión última al juicio de mis lectores, si es que existen en el mundo sujetos semejantes.

Y no me resulta honesto terminar esta advertencia sin agregar un detalle significativo: ni siquiera se si mis compañeros del San Pablo los han leído, especialmente aquellos más extensos y aburridos. Pero se que algunos sí los han leído--Lolo, Santiago...., y Lolo... y Santiago....--y son los comentarios expresos de estos dos queridos compañeros (y los tácitos de otros muchos, estoy persuadido), los que me han animado a iniciar este blog.

Si luego de esta advertencia, deciden seguir adelante, no me hago responsable por el tiempo perdido y aburrido. A aquellos que sobrevivan el desafío de leerlo, les agradeceré que dejen algún comentario, especialmente su opinión respecto a si debo pulirlo o dejarlo como está.

Muchísimas gracias por haber leído (por lo menos hasta aquí).

jueves, 29 de marzo de 2007

Ciencia y Misterio - Razón y Fe

Querido Rivo:

Empiezo por el final de tu e-mail, con puntos, para emularte.

1. Si el credo fuera solamente una suposición entonces sería yo el que me rebelaría. Mejor dicho, lo hubiera tirado todo por la ventana en la primer duda que se me cruzara. La fe católica se fundamenta en que Dios existe y que se ha revelado a los hombres, y todo lo que creemos, lo creemos porque confiamos en la autoridad de la fuente: el mismo Dios. Si yo descubriera en algún punto que Dios nos ha estado tratando de engañar, dejaría de creer instantáneamente. Si yo creo en un Dios que se revela, lo menos que le puedo pedir es que no nos engañe (y que no Se engañe). Por eso yo no podría creer si el Credo fuera una suposición.

2. Respeto absolutamente tu decisión de darle ese sentido a la palabra "creer", así como reclamo el mismo derecho a creer según el sentido que yo le doy.

3. Si un hombre llegara a la tierra en este momento, te puedo asegurar de que no encontraría ningún punto para que se pueda imaginar "a un dios padre interviniendo en el mundo, un hijo que es mezcla de dios y hombre, un diablo que nos acecha..." Y te podría agregar un montón de otras verdades mucho más disparatadas que la fe católica nos permite ver y creer a pies juntillas. Sólo a modo de ejemplo: una virgen que da a luz a ese hombre-dios, un Dios que muere en una cruz --que de yapa, resucita--, que ese sacrificio de la cruz se renueva cada vez que se celebra una misa, aunque de manera incruenta, que durante la misa un pedazo de pan se transforma en el Cuerpo de ese hombre-dios, etc. etc. etc.

Yo nunca creería en toda esta sarta de disparates si no creyera en esa verdad del punto 1, y que no me parece ningún disparate: que Dios se reveló, y que no puede engañarse ni engañarnos y, de paso cañazo, me da, gratuitamente, una luz sobrenatural con la que mi inteligencia puede, sin contradecirse a sí misma en ningún punto, llegar a entender que todas esas verdades no son ningún disparate. (O quizás sí sean un disparate, ya que el amor muchas veces nos lleva a hacer disparates; y el amor de Dios por los hombres es infinito.... Así que, imaginate los disparates que puede llegar a hacer.)

Pero luego, Rivo, sin ningún ánimo de ofenderte, cuestionás exactamente lo contrario: que los conceptos aristotelianos en los que se fundamenta la filosofía cristiana, son falsos o incompletos "porque la pensamos con mente humana y tal vez todo sea incomprensible para nosotros". Por un lado, cuestionás que todo es demasiado "irracional" para la mente humana; pero por otro lado cuestionás que sea todo pensado desde un punto de vista demasiado humano, es decir, adaptado a nuestro modo de conocer, que es racional. O sea que, por un lado, la fé católica te parece demasiado irracional (lo que se podría traducir como "inhumana" si convenimos en que la razón es la cualidad distintiva del ser humano); por otro lado te parece demasiado racional.... demasiado "humana". Pero no estás solo: los que critican a la Iglesia por motivos exactamente opuestos son multitud. A veces me da la impresión de que esta religión nuestra debe ser una cosa monstruosamente deforme para que se la pueda atacar por motivos diametralmente opuestos, ¡y que esos ataques tengan éxito! (que lo tienen, no cabe duda). Y no acabaría más si me pongo a dar ejemplos; pero te aseguro que existen, que la extensión del e-mail no es una mera excusa.

4. Es cierto, la ciencia progresa, el conocimiento humano se va ampliando. También se van ampliando las fronteras entre lo conocido y lo desconocido. Y es como una carrera para alcanzar el horizonte, porque cuanto más conocemos más descubrimos lo mucho que nos queda por conocer, y los misterios de la ciencia se multiplican con cada nuevo avance, y quién sabe cuánto más podremos llegar a conocer antes de que destruyamos nuestro planeta y nos autoeliminemos, gracias al progreso de la ciencia...

Y esto me recuerda el tema de los misterios, que planteabas en un e-mail anterior. Los misterios no niegan la razón, simplemente le marcan los límites. Pero la fe no es la poseedora exclusiva de todos los misterios. Hace poco llevé a mis hijos al Museo de Ciencias de Boston. Allí tienen un pabellón completo denominado así: Misterios de la Ciencia. Y no podría ser de otra manera. Si no hubiera misterios, no seríamos hombres, seríamos Dios.

Sólo hay una clase de hombres para los que no existen misterios: a la mayoría los podés encontrar en el Borda. Los locos suelen tener esquemas racionales absolutamente perfectos, absolutamente irrebatibles. Por eso dicen que nunca discutas con un loco, porque dentro de su mundo todo encaja racionalmente a la perfección. Todo cierra en el esquema mental de un paranoico de manía persecutoria, o de teorías conspirativas. Cualquier intento de refutación a sus elucubraciones mentales, racionalmente perfectas, será tomado inmediatamente como proveniente de la conspiración misma.

El problema es que el mundo del loco está desconectado del mundo verdadero, de la realidad externa a nosotros mismos. La realidad es la que te lleva de la mano al misterio. La aceptación del misterio es la piedra de toque de la salud mental. Por eso no hay que tenerle miedo al misterio; por el contrario, hay que tener pavor de la ausencia de misterios.

Cerremos el tema "misterio", y volvamos a nuestros exorcismos. Puede ser que haya habido casos de exorcismos que luego se haya descubierto que eran casos de epilepsia. Pero eso sólo podría ser válido en casos en que el exorcismo no prosperó. Si el exorcismo fue exitoso, entonces o dejás de lado la teoría de la enfermedad cuyo misterio la ciencia develará en el futuro, o tenés que aceptar que el cura exorcista es un verdadero adelantado de la ciencia médica.

A todo esto sumémosle el hecho de que en innumerables casos el avance científico no ha consistido en conocer más, en conocer cosas nuevas, sino en demostrar falsas teorías científicas anteriores, lo cual debería darte que pensar que es muy posible que la misma suerte la corran teorías científicas actuales. Teniendo en cuenta todas estas limitaciones, me parece admirable tu fe en la ciencia, tu confianza ciega (o por lo menos, eso parece) en que a la larga la ciencia encontrará respuesta a todos los interrogantes que se plantea el hombre. Me da la impresión de que, aún desde tu postura, esa actitud tiene menos fundamento racional que la supuesta irracionalidad de la fe.

Te mando un fuerte abrazo, y otro día escribiré sobre el "cuento infantil que es verdad."

Xavier

miércoles, 28 de marzo de 2007

¿El diablo existe?

Querido Rivo, Corcho, y todos:

Creo que el comentario de Rivo era para contestar la sorprendida pregunta del Corcho: "¿no crees que el diablo existe?"

Perdón, Corcho, pero si es cierto lo del tono de sorpresa de tu pregunta.... ¡Que me admira tu candidez! ¡Qué esperabas!

La existencia del demonio es (o debería ser) una verdad incuestionable para los católicos, que todos los domingos, supuestamente, recitan en el credo: "bajó a los infiernos". Es también parte de las promesas bautismales que nuestros padrinos hicieron por nosotros, si fuimos bautizados de bebés, como la mayoría de los argentinos. Esas promesas las reafirmamos por nuestra cuenta, ya grandecitos, el día que recibimos la Confirmación... si es que la recibimos. Por otro lado, Jesús habla numerosas veces del demonio y del infierno. Y no como una alegoría, sino como una realidad --espiritual, pero realidad al fin-- muy concreta. Tan concreta que El mismo expulsa esos "espíritus inmundos" que han tomado posesión del cuerpo de alguna persona. Ya sé que hay quienes pretenden darle explicación científica a esos milagros... Allá ellos; cada uno cree lo que quiere creer.

¡Cosa e' Mandinga!
Lo cierto es que aún en la actualidad se dan casos de posesión diabólica, casos ante los que la ciencia no tiene más remedio que rendirse, como se rinde ante tantos otros misterios de la ciencia médica sin necesidad alguna de que esos misterios provengan de realidades espirituales. He tenido ocasión de conocer personalmente a un exorcista, cura del Opus Dei (¿de dónde si no?). Aunque para los casos de exorcismo rige el mismo sigilo que para la confesión (no es deseable que la gente por ahí sepa que fulano o mengano estuvo poseído), ellos pueden dar ciertos datos, como ser, por ejemplo, cuántos exorcismos ha hecho. El había hecho tan sólo uno, y se sabe que los casos son muy pocos en la actualidad, lo que demuestra que el demonio ya no tiene tanto poder sobre el hombre como antes de que Jesús lo derrotara con su muerte en la cruz.

Aclaro que la Iglesia se somete al dictamen de la ciencia antes de que se autorice un exorcismo. Un exorcismo se lleva a cabo sólo cuando más de un médico (a veces hasta equipos de médicos) han constatado que el poseído en cuestión no padece ninguna enfermedad conocida, como epilepsia, por ejemplo, que en muchos casos gente sencilla confunde con casos de posesión.

Alguien, una amiga muy querida, me ha contado una experiencia personal que, según ella, tiene que ver con el tema. Confieso que mi reacción inicial fue de escepticismo... Mejor dicho, aún hoy la miro con cierto escepticismo.

Aquí va el relato de la experiencia de algo supuestamente diabólico. Por lo menos, ella cree que tiene relación con el diablo. A ella no le resulta fácil explicarlo. Imagínense lo que me costará a mí, escepticismo de por medio. Pero haré el intento.

Hubo un tiempo, muchos años, en que con cierta frecuencia ella se despertaba por las noches, o a la mañana muy temprano, con una sensación muy fuerte de una presencia maligna en su habitación. Era algo opresivo, casi físico, que la aplastaba, no le permitía moverse ni proferir sonido alguno, y sobre todo, la llenaba de terror.

Aclaro que esta persona no tenía las más mínima formación religiosa. Su padre es "agnóstico" y su madre no sabe lo que es. Poco después de conocernos me contó sobre estas "experiencias" que ella creía podían tener relación con lo que llamamos "demonio".

Obviamente, mi primer reacción fue decirle que debería ser un sueño, uno de esos sueños recurrentes que ciertas personas tienen, y que a veces son tan vívidos que parece que uno está despierto. Pero ella insistía en que estaba despierta, que había tenido esa clase de sueños vívidos, y que podía ver la diferencia. Y para avalar su teoría de que podía tratarse de un "espíritu maligno", aseguraba que estas experiencias habían empezado en su adolescencia, después de "jugar" con sus amigas con un tablero de espiritismo en el sótano de su casa. Cuando se dieron por primera vez ella todavía tenía el tablero ("wigi board" le llaman aquí) en su casa, y por eso fue que decidió deshacerse de él. Pero las experiencias siguieron sucediéndose con el correr de los años, aunque quizás con menos frecuencia que cuando literalmente dormía sobre un "wigi board" (lo tenía guardado debajo de su cama).

Con el tiempo, esta persona se "convirtió" y decidió bautizarse en la Iglesia Católica. Poco después también tomó la Primera Comunión y se confirmó. El Bautismo la conectó de una manera plena con el sacrificio de la cruz, y desde entonces existe un vínculo, como un conducto entre ella y la cruz, por la que fluye libremente toda la gracia que Cristo nos ganó con su muerte, un "gracio-ducto", digamos. Uno puede, libremente, obstaculizar este "gracio-ducto", y hasta cerrarlo por completo. Digamos que uno tiene el control de todas las válvulas, y puede hacer con ellas lo que se le de la gana en cualquier momento.

Permítanme abrir un pequeño paréntesis aquí.

Soy consciente de que esta manera de expresarme puede sorprender a más de uno, porque hablo de mis creencias como si fueran algo verdadero. ¿No es sorprendente esto? Es una de las paradojas del mundo moderno, cuya intelectualidad "progresista" que domina los ámbitos culturales y políticos (periodísticos incluidos, con sitio preferencial), que vocifera a los cuatro vientos su gran "tolerancia" por todos los credos, tacha de intolerantes a quienes entiendan su fe de manera distinta. Nosotros, los "progres" somos muy tolerantes con todo el mundo. Las creencias las toleramos todas. ¡Pero cuidadito que no toleramos es que la gente piense que sus creencias son verdaderas! Toleramos que la gente crea lo que se le da la gana "en la intimidad de su hogar" (¿no les suena esto?). Pero no toleramos que a alguien se le ocurra seguir el impulso natural de cualquiera que tenga el conocimiento de algo que considera verdadero y tenga el tupé de manifestarlo públicamente. ¡Y mucho menos enseñarlo a otros! Así cualquiera es tolerante.

¿Ahora bien, por qué carajo seguiría yo creyendo algo que no considero verdadero? ¿Y si lo considero verdadero, por qué habría yo de expresarme como si fuera tan sólo una opinión más entre otras tantas?

Disgreción finalizada, y vuelvo al hilo del relato, que en realidad ya se estaba acabando. Porque la cuestión es que, según ella, después de bautizarse no ha vuelto a tener este tipo de sensaciones de presencias malignas.

Conozco otros muchos cuentos de gente cercana o no tan cercana que manifiestan de alguna manera la presencia de un espíritu maligno. Sólo si me pongo a contar los cuentos de mi madre, algunos más y otros menos desopilantes, no acabaría nunca.

¿Me los creo a todos estos cuentos? No, no necesariamente. A mi madre le creo. A mi amiga también, es de mi más absoluta confianza, y estoy convencido de que algún tipo de experiencia ellas tuvieron. ¿Que tiene que ver con el wigi board o con el demonio (algunos de los cuentos de mi madre se relacionan también con una amiga suya, espiritista)....? No lo sé. Pero sí creo que mi amiga de alguna manera sintió que algo cambió definitivamente en su vida al bautizarse. ¿Que lo que cambió es presencia diabólica por presencia divina? Tampoco lo sé. ¿Pero voy a negar la posibilidad de que estos cuentos y sus interpretaciones no sean las verdaderas? No señor, ése no voy a ser yo.

Lo que sí se es que el demonio existe. Nadie me puede negar mi derecho a creerlo, que incluye el derecho a creerlo como algo verdadero. Alguien que admiro y respeto y quiero querer más que a nadie, lo dijo muchas veces durante su paso en la tierra, hace unos 2000 años. Sus dichos fueron recogidos por otras personas que también admiro y respeto. Conozco datos suficientes para saber que lo que leo hoy es lo que ellos escribieron hace unos 2000 años, y para saber que dijeron la verdad. Estos datos provienen de ramas del saber distintas a la fe sobrenatural, como la arqueología, la historia, la geografía, y también ciencias biológicas. Es decir, para creer que lo que escribió San Juan Evangelista es verdadero tengo casi tantos datos como los que hay para creer que todo lo que escribió Julio César sobre la Guerra de las Galias es verdadero.

A ellos se suma un dato definitorio, que es el dato de la fé. Pero ese dato no lo tienen todos. Sólo lo tienen quienes quieren de verdad creer, y si Dios les concede --gratuitamente-- la fe. Porque la fe, además de una elección, es un don. Pero dudo, mejor dicho, estoy convencido de que Dios no le niega este don a quien lo pida con humildad, insistencia y perseverancia. Ya sé que es paradójico porque algo hay que creer para empezar a pedir. Por lo menos hay que tener una cierta creencia en la existencia de alguien que va a escuchar nuestra petición, si no estaríamos locos. Pero, de nuevo, yo creo que basta tan sólo con la creencia en la posibilidad de que esa persona exista y nos escucha, para empezar a pedir, sin que la razón nos repruebe por ello.

La actitud que hay que tener para iniciar este proceso, actitud humilde, como la de un niño ante su Padre, se relaciona con otro "pensamiento rivoriano" sobre el que intentaré escribir en otro e-mail, que es el de la "acusación" de que nuestra fe es un cuento infantil. Sólo adelanto que Rivo tiene razón: nuestra fe, la fe católica apostólica y romana, es infantil, un cuento para niños. Claro que en este caso el cuento es verdadero.

Un abrazo a todos,

Xavier

martes, 27 de marzo de 2007

El miedo y la Iglesia

Querido Goyo,

La Iglesia sólo te puede dar miedo si la mirás de afuera y de lejos. En mi experiencia personal, cuanto más te acercás a ella el miedo es cada vez menos, hasta que desaparece por completo. Yo tuve la fortuna, como todos saben, de encontrarme metido en un camino que es infalible para acercarte a la Iglesia: el Opus Dei. Por eso te hablo de mi experiencia personal, porque creo que he estado bien adentro de la Iglesia. "Sin miedo a la vida, y sin miedo a la muerte", decía el fundador San Escrivá. Y te puedo asegurar que es la más estricta verdad.

Como sabrás, yo me fui del Opus Dei. Aunque no te voy a negar que es una experiencia dolorosa, como son todas las separaciones de seres queridos, en ningún momento sentí miedo, ni a nadie se le ocurrió ni remotamente hacerme sentir miedo.

Como también sabrás, años más tarde me encontré en una situación que para mí (y creo que para cualquiera lo sería, no sólo para un católico) fue una experiencia penosa, cuanto menos muy difícil, que es haber dejado embarazada a la que entonces era mi novia. ¿Vos crees que en algún momento sentí o alguien pretendió hacerme sentir miedo en la Iglesia? Todo lo contrario. Que la pasé mal, no te lo voy a negar, pero la Iglesia fue precisamente la que me recibió con los brazos abiertos, como una madre, que eso es lo que la verdadera Iglesia es, y no la caricatura que te pintan sus detractores.

En cuanto al consejo de Jobs, la Iglesia lo da con el sentido de que es poco el tiempo para amar, para que no desperdiciemos ni un sólo día para transformarlo en una ofrenda de amor a nuestros semejantes y en, y a través de ellos, a Dios. Y el mensaje del Opus Dei, que no es algo diferente al de la Iglesia, es que cualquier trabajo puede ser transformado en una ofrenda de amor. No importa si tu trabajo es el de presidente de una multinacional o cajero en un supermercado, presidente de la república o plomero. El valor de tu trabajo está dado en el amor que ponés al hacerlo. Así, en los ojos de Dios, el trabajo de un carpintero puede ser muchísimo más valioso que el del más encumbrado profesor de Harvard, de Bill Gates o el Coco Basile.

¿Y la guita? Es algo secundario y, con toda seguridad, el parámetro más inadecuado para medir el valor de un trabajo.

Goyo, no te quedes con el de Jobs. Por lo menos, no te quedes "solo" con el de Jobs, que no voy a negar que es bueno también, pero en otra liga.

Un abrazo,

Xavier