Quizás te sirva a vos también el consuelo que encuentro en esos momentos. Siempre pienso en el buen ladrón, mi escena favorita de los Evangelios. Supongo que él también se sentiría un "sorete", ahí colgando de una cruz, puerto final de toda una vida de cagadas. Sólo bastó una mirada al Hombre-Dios colgado a su lado, y un pedido: "acuérdate de mí cuando estés en tu reino". Y entonces, las palabras más bellas de la boca más bella que jamás alguien pueda escuchar: "te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso". No estoy muy seguro de lo que habrá sentido cuando oyó esas palabras, pero estoy seguro que dejó de sentirse un "sorete".
Esto es lo que más me gusta de mi religión católica: que te deja clarito que todos somos soretes y que no importa cuántas cagadas nos mandemos a lo largo de nuestra vida, siempre bastará un simple acto de contrición para acceder al privilegio y alegría inmensa de oír nuevamente esas palabras, esta vez dirigidas a mí. En cierto modo, ser sorete es como una garantía. Los soretes (pescadores chupandinos y pendencieros, agentes de la DGI, prostitutas, mujeres adúlteras, leprosos, etc) son a los que Jesús se acerca, y en los que vuelca todo su amor. Los otros, los que no se sienten soretes, sino todo lo contrario, son el blanco de las raras escenas y palabras de ira del Señor: los fariseos, sepulcros blanqueados, dueños de la actitud más aborrecible para el cristiano, que es la hipocresía. Es muy difícil ser un hipócrita sintiéndose un sorete; es como el extremo opuesto.
Por eso, para mí no hay gesto más elocuente que revele el verdadero meollo de nuestra religión que esas otras palabras de Jesús, pronunciadas también mientras colgaba de la cruz, como un legado de lo que realmente más importa: "hijo, ahí tienes a tu Madre; Madre, ahí tienes a tu hijo". Imagináte si es posible que existe una cagada, o muchas cagadas, en el mundo que hagan que tu madre deje de esperarte y perdonarte. Un poco (o un mucho) de fiaca para rezarle un rosario, incluso de parte de alguien que sabe cuánto la alegra a ella este pequeño gesto, no la va a disuadir de su empeño maternal. No existe, no es posible que exista un crimen lo suficientemente horrendo que pueda disuadirla, que pueda forzarla a enfrentar la falsa realidad de que ya no tenemos remedio, que ya hemos desperdiciado demasiadas oportunidades. Para una madre, un hijo nunca será un sorete.
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| Luján, 1980 (creo...) |
Jorge, me alegro muchísimo de que Inés esté dando signos alentadores de mejoría. Me dejás preocupado con tu comentario sobre la salud de otros compañeros y de sus seres queridos. Con el ejemplo de fe que están dando vos y Rouco, espero dejarme de pelotudeces y excusas chotas y ponerme a rezar nuevamente, y ofrecerlo por esos compañeros que sufren en incógnito.
Un fuerte abrazo a todos. Jorge, Rouco, sigan así, que creo que todos necesitamos mucho de ese buen ejemplo... ¡Tampoco se agranden, a ver si terminan fariseos!
Xavier

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