Querido Goyo,
La Iglesia sólo te puede dar miedo si la mirás de afuera y de lejos. En mi experiencia personal, cuanto más te acercás a ella el miedo es cada vez menos, hasta que desaparece por completo. Yo tuve la fortuna, como todos saben, de encontrarme metido en un camino que es infalible para acercarte a la Iglesia: el Opus Dei. Por eso te hablo de mi experiencia personal, porque creo que he estado bien adentro de la Iglesia. "Sin miedo a la vida, y sin miedo a la muerte", decía el fundador San Escrivá. Y te puedo asegurar que es la más estricta verdad.
Como sabrás, yo me fui del Opus Dei. Aunque no te voy a negar que es una experiencia dolorosa, como son todas las separaciones de seres queridos, en ningún momento sentí miedo, ni a nadie se le ocurrió ni remotamente hacerme sentir miedo.
Como también sabrás, años más tarde me encontré en una situación que para mí (y creo que para cualquiera lo sería, no sólo para un católico) fue una experiencia penosa, cuanto menos muy difícil, que es haber dejado embarazada a la que entonces era mi novia. ¿Vos crees que en algún momento sentí o alguien pretendió hacerme sentir miedo en la Iglesia? Todo lo contrario. Que la pasé mal, no te lo voy a negar, pero la Iglesia fue precisamente la que me recibió con los brazos abiertos, como una madre, que eso es lo que la verdadera Iglesia es, y no la caricatura que te pintan sus detractores.
En cuanto al consejo de Jobs, la Iglesia lo da con el sentido de que es poco el tiempo para amar, para que no desperdiciemos ni un sólo día para transformarlo en una ofrenda de amor a nuestros semejantes y en, y a través de ellos, a Dios. Y el mensaje del Opus Dei, que no es algo diferente al de la Iglesia, es que cualquier trabajo puede ser transformado en una ofrenda de amor. No importa si tu trabajo es el de presidente de una multinacional o cajero en un supermercado, presidente de la república o plomero. El valor de tu trabajo está dado en el amor que ponés al hacerlo. Así, en los ojos de Dios, el trabajo de un carpintero puede ser muchísimo más valioso que el del más encumbrado profesor de Harvard, de Bill Gates o el Coco Basile.
¿Y la guita? Es algo secundario y, con toda seguridad, el parámetro más inadecuado para medir el valor de un trabajo.
Goyo, no te quedes con el de Jobs. Por lo menos, no te quedes "solo" con el de Jobs, que no voy a negar que es bueno también, pero en otra liga.
Un abrazo,
Xavier
E-mails extraídos de lo que me parecieron interesantes debates en el grupo de ex-compañeros del Colegio San Pablo. Los he publicado sin filtro, tal como los envié al grupo. Están escritos desde el corazón, sin pretenciones, y con ciertos modismos y expresiones propias de este tipo de ralea (a la que me enorgullezco de pertenecer).
Ciertos modos de expresarme pueden llegar a resultar ofensivos para el oído ajeno a este grupo.
No me decidía a si pulirlos antes de ofrecerlos a la mirada general, o publicarlos tal como están. Por fin, como esta indecisión--aliada inestimable de mi pereza-- se prolongaba ya en años, decidí publicarlos como están, y someter la decisión última al juicio de mis lectores, si es que existen en el mundo sujetos semejantes.
Y no me resulta honesto terminar esta advertencia sin agregar un detalle significativo: ni siquiera se si mis compañeros del San Pablo los han leído, especialmente aquellos más extensos y aburridos. Pero se que algunos sí los han leído--Lolo, Santiago...., y Lolo... y Santiago....--y son los comentarios expresos de estos dos queridos compañeros (y los tácitos de otros muchos, estoy persuadido), los que me han animado a iniciar este blog.
Si luego de esta advertencia, deciden seguir adelante, no me hago responsable por el tiempo perdido y aburrido. A aquellos que sobrevivan el desafío de leerlo, les agradeceré que dejen algún comentario, especialmente su opinión respecto a si debo pulirlo o dejarlo como está.
Muchísimas gracias por haber leído (por lo menos hasta aquí).
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