Querido Pablo y todos:
Me parece una reverenda boludez (con perdón) eso de estar buscando brujas donde no las hay. Es una actitud timorata propia de gente equivocadamente conservadora dentro del seno de la Iglesia, que le ha hecho mucho daño al crisitianismo a lo largo de los siglos. En cierta medida creo ver una falta de fe en esa gente, que parece tenerle miedo a todo lo que suene extraño y verlo como una amenaza a su fe.
En la historia de la Iglesia y su misión evangelizadora para mí está bien claro que el ser "católico" no implica una nueva cultura sino que, muy por el contrario, la religión se hace parte de la cultura. La cultura no puede ser parte de la religión, porque es un concepto más amplio. Pero si la religión no se hace parte de la cultura entonces está destinada al fracaso.
Donde la evangelización ha sido efectiva es porque ha existido ese proceso de "inculturación" de la religión. Y lo ves por todas partes donde el cristianismo (en especial el catolicismo) se ha verdaderamente arraigado, porque se ha incorporado a la cultura popular. Por eso te podés encontrar con prácticas religiosas cristianas (o pseudo-cristianas) en un lugar --por ejemplo en el norte argentino-- que resultarían totalmente extrañas en Mexico o en Italia. Los "misachicos", o las fiestas a la "Pachamama" son un ejemplo, donde se han mezclado tradiciones anteriores al cristianismo que ya existían en el pueblo, ajenas y previas al cristianismo pero no "en contra" del cristianismo.
Cuando la Iglesia tuvo la suerte de contar con pastores sabios que supieron aceptar todo lo que fuera aceptable de las culturas que estaban siendo evangelizadas, no sólo la evangelización ha sido efectiva, sino que la Iglesia se ha enriquecido con nuevas manifestaciones culturales y religiosas. Un ejemplo contundente: la actitud de Juan Pablo II en sus viajes a Africa. Los negritos se ponían a bailar el Padrenuestro. ¿Y él que dijo? "Si cantar es rezar dos veces, como decía San Agustín, entonces bailar debe ser rezar TRES veces!"
Por motivos muy personales, en una época me interesé en la historia de la Evangelización de China, ejemplo claro de qué sucede cuando tenemos pastores miopes. Un jesuita, Matteo Ricci, fue el gran evangelizador de China, llegando a relacionarse incluso con el Emperador de la dinastía Ming. Su enfoque fue eminentemente cultural, pues se dió cuenta de dos verdades fundamentales: que la civilización china era notablemente avanzada, y segundo, que, como todos los pueblos de la tierra, los chinos se sentían (y sienten) muy orgullosos de su cultura. Por eso se decidió a aprender muy bien la cultura china (escribió las primeras traducciones de Confucio al Latín), y a explicar el mensaje del Cristianismo en clave cultural china.
Desgraciadamente, el Papa de entonces se dejó influenciar por miembros de órdenes más antiguas que se sentían estúpidamante celosos de la ascendencia de los jesuitas, y decidió no aprobar el enfoque evangelizador de Ricci. Un ejemplo más de esa actitud miope y timorata --y falta de fe en el fondo-- a la cual no es para nada descabellado culpar porque quizás hoy día China no sea crisitiana.
Por eso, me da pena cuando veo que esa misma actitud todavía viva en muchos cristianos, a pesar de que hemos tenido papas como Juan XXIII, Juan Pablo II, incluso Benedicto XVI, que son paradigmas de apertura mental. Una apertura mental, vale acotar, que se hace posible cuando se trata de gente santa y muy firme y muy segura de su fe, y por tanto no ven amenazas y demonios y brujas por todas partes.
No me sorprendería en lo más mínimo de que, si en Irlanda la evangelización de San Patricio fue tan exitosa, es debido a esa apertura mental que no tenía ningún empacho en aceptar antiguas costumbres celtas, la de Halloween entre ellas.
Ver al diablo, y una amenaza a la fe de dos mil años de la Iglesia de Cristo, en unos niños que se disfrazan de esqueletos y salen a pedir golosinas en la noche de Halloween.... Perdón, Pablito, pero me parece una reverenda pelotudez.
Esta es mi opinión (y la comparto totalmente).
Xavier
E-mails extraídos de lo que me parecieron interesantes debates en el grupo de ex-compañeros del Colegio San Pablo. Los he publicado sin filtro, tal como los envié al grupo. Están escritos desde el corazón, sin pretenciones, y con ciertos modismos y expresiones propias de este tipo de ralea (a la que me enorgullezco de pertenecer).
Ciertos modos de expresarme pueden llegar a resultar ofensivos para el oído ajeno a este grupo.
No me decidía a si pulirlos antes de ofrecerlos a la mirada general, o publicarlos tal como están. Por fin, como esta indecisión--aliada inestimable de mi pereza-- se prolongaba ya en años, decidí publicarlos como están, y someter la decisión última al juicio de mis lectores, si es que existen en el mundo sujetos semejantes.
Y no me resulta honesto terminar esta advertencia sin agregar un detalle significativo: ni siquiera se si mis compañeros del San Pablo los han leído, especialmente aquellos más extensos y aburridos. Pero se que algunos sí los han leído--Lolo, Santiago...., y Lolo... y Santiago....--y son los comentarios expresos de estos dos queridos compañeros (y los tácitos de otros muchos, estoy persuadido), los que me han animado a iniciar este blog.
Si luego de esta advertencia, deciden seguir adelante, no me hago responsable por el tiempo perdido y aburrido. A aquellos que sobrevivan el desafío de leerlo, les agradeceré que dejen algún comentario, especialmente su opinión respecto a si debo pulirlo o dejarlo como está.
Muchísimas gracias por haber leído (por lo menos hasta aquí).
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